El regalo de navidad perfecto. Daniel Knox es un músico educado entre las bambalinas, la tarima y la pantalla cinematográfica, aunque en el álbum anterior no quedaba totalmente plasmada esta afición.
En cambio en “Chasescene” (Webb Whale 2018) este encargado del proyector en cines de Chicago dibuja su microuniverso con un estilo añejo de piano y cuerdas de tiempos pre-rock & roll. Para ello se hace acompañar por grandes músicos ya presentes en su disco “Evry Man For Himself” de 2011, como David Coulter, el ex-Pogues con afinidad por sonoridades similares -ha trabajado con Richard hawley y Patrick Wolf-, Jason Toth -ambos han figurado en discos de Handsome Family- y el malogrado Ralph Carney, de cuyo currículo debe subrayarse Tom Waits para remachar la descripción.
El tramo central del disco es tan impactante como cualquier imagen visual que uno pueda imaginar. El vigor con que la voz propulsada por el piano entona “Chasescene” y “Cut From The Belly” queda sorprendentemente eclipsada por la interpretación vocal de Jarvis Cocker entre cuerdas y percusión en “Capitol”, a su vez desbordada por el saxo del último tramo; o por el barniz antiguo de piano de “Anna 14”. Y no menos monumental es la vocalización de Nina Nastasia en “The Poisoner”. Estamos ante el climax de una grabación desarrollada de modo fílmico, con la guinda final de “Me And My Wife” con sabor vintage crepuscular.
Lo que trasciende de “Chasescene” es su carácter evocador. Supura calidez, ternura y mimo de director por muy inquietantes que suenen algunos pasajes. Es ficción de la buena; de la que se disfruta emocionado hasta que se abren las luces. Un chute de nostalgia, sabiduría y humanidad desbordante. Así que ni The Divine Comedy ni Rufus Wainwright ni David Lynch. Daniel Knox is the real thing.