De todas las novedades capaces de hacer estragos durante la fase de la madrugada en que todo son dudas y a la vez todo se percibe con mayor clarividencia, “Trust An Amateur” (Tin Angel 2018) es la más incisiva. Trabaja lo nocturno sedado con apenas una caja de ritmos, un piano eléctrico y su penetrante voz, tan rugosa como cálida. Pese a asomar desde Canadá, mezcla intimismo con cierta ambigüedad califotropical -ha hecho versiones de Caetano Veloso y de “Amsterdam” de John Cale- con mimbres mínimos -en eso se parece a Casiotone For The Painfully Alone- que amplifican su efecto en vez de empequeñecerlo.
Las piezas no se diferencian en demasía unas de otras. La parsimonia noctámbula impregna la estancia desde que arranca con “Silver Morn”. Son solo ocho cortes, aunque tres de ellos esconden cuatro composiciones más difíciles de distinguirse entre sí en medio del discurso de tono efímero y evanescente con un mensaje claro, sobre todo escuchando la bellísima “Lost Rooms” final. Confíen en este aficionado -gran título- cuarentón llamado Chris Cummings de pasado electrónico. Sus conclusiones son de manual. Menos es más.