No está nada mal para un sudafricano que ejerce de granjero en Colorado. Llegar hasta el quinto álbum desde su rincón rural. Pero que nada mal. Es lo que se deduce escuchando “Evening Machines” (Suitcase Town 2018) de Gregory Alan Isakov.

Dentro del marco antes descrito, donde lo apacible del campo -con todas sus turbulencias emocionales- gana por goleada a lo urbano, se percibe cierta evolución en su trayectoria. Cada vez es más elaborado dentro de los márgenes que permiten los límites cantautoriles, a juego con las tendencias actuales. O sea más Sufjan Stevens al arrancar (“Berth”), buscando la profundidad compositora (“San Luis”) hasta dar con esos arreglos con ribete de piano que tan bien le han funcionado últimamente a Father John Misty (“Powder”).

El centro de la grabación es muy potente, con tres de las piezas más importantes -”Caves”, “Chemicals” y “Dark, Dark, Dark”, la primera con tono Fleet Foxes, la segunda espartana con el lamento del falsete, la tercera cual The Band unplugged- abriendo paso a la celestial “Too Far Away”. En todas ellas el autor muestra su apego a las raíces sin renunciar a los pequeños detalles tecnológicos que le permiten sonar a presente.