¿Qué toma este hombre? No es normal que un músico, pasados los setenta, se encuentre en uno de los momentos más prolíficos -que no fecundos- de su carrera. Cierto, la última ristra de grabaciones de Van Morrison tal vez no rompa moldes como la del periodo 1968-1971, pero nadie podía imaginar semejante actividad -cuatro discos en dos años, y con nivel digno- a estas alturas hasta alcanzar el álbum número 40.
Tiene bastante que ver su sociedad con Joey DeFrancesco, teclista con un extenso y relativamente notable currículo -Miles Davis, Grover Washington y su maestro Jimmy Smith-, que con una banda sólida en forma de cuarteto, le está ayudando en sus últimas grabaciones basadas en un estilo tradicional donde a Van se le escucha cómodo y sobre todo contento.
“The Prophet Speaks” (Exile 2018), siguiendo el modelo arrancado con “You´re Driving Me Crazy” este mismo año, contiene catorce composiciones -seis versiones y ocho suyas- en un ambiente de jazz, blues y rhythm & blues distendido que roza lo académico sin caer en el estereotipo (la voz de Van jamás lo permitiría). No revisa ninguna suya famosa como en el disco anterior pero dedica su peculiar mimo de siempre, el que inyecta buenas y contagiosas vibraciones al público. Destacan los solos de teclados -rugosos o finos- de DeFrancesco, así como la guitarra de Dan Wilson y las embestidas de saxo, además de la elección atinada de las versiones (John Lee Hooker, Willie Dixon, Sam Cooke, Salomon Burke). La presencia en los coros de su hija Shana también es un dato para entender el palpitar del corazón del león de Belfast.