“Cranberry” (Hovvdy). El dúo de Austin le debe más de un favor sonoro a un paisano como el Will Johnson de Centro-Matic y South San Gabriel, sobre todo cuando, además de ese poso melancólico (Sufjan Stevens) y eléctrico (Elliott Smith), se inclinan por aderezar alguna pieza con guitarra slide (“Truck”). Apurando más podrían encajar en una suerte de slowcore acústico por las formas nineties. Huyen de cualquier casilla cuando pierden el miedo, como en la mecánica orquestada de “Thru”. Muy atmosféricos en su languidez eléctrica.

“Any Day” (The Sea And Cake). Un cuarto de siglo de carrera. Tras seis de silencio, vuelve a publicar una de las bandas con mejor gusto musical. Joe McEntire, Sam Prekop y Archie Prewitt -ha salido Eric Claridge- merecerían la etiqueta californiana por el tono cálido de sus voces, las aguas tibias en las que bucean y la finura instrumental. Son de alguna manera el equivalente a unos Steely Dan en versión alternativa; por la utilización del jazz en formato pop o rock; por la velocidad crucero de su música; y porque parecen destinados a complacer con su entramado los paladares más exquisitos. Sea a cámara lenta (“Paper Window”) o apretando suavemente el acelerador (“Circle”). La gama más discreta y elegante del lujo.

“Jassbusters” (Connan Mockasin). Con “Caramel” se asentó entre la crema de los músicos inquietos, por la construcción de las estructuras, por el tipo de voz y por su manera de expresarse con la guitarra. Ahora coquetea con lo slacker -los casi nueve minutos de “Charlotte´s Thong” oliendo a Mac DeMarco- donde una neblina dopada impregna su relajo con ambiente de vegetación irreal. Muy agradable y sobre todo admirable que las extrañas piezas del puzzle encajen con un orden tan natural (y está “Momo´s”, esa serenata trasnochada en forma de mano a mano entre su guitarra diletante y la voz de James Blake). Para escuchar con auriculares en una hamaca al abrigo del rigor estival. Eso sí, ya se ha diluido el factor sorpresa de sus dos primeros discos.

“Open Here” (Field Music). Seis discos y seguimos igual. Los hermanos Brewis lo intentan con sus mejores armas, sin resultados económicos aceptables a pesar de la buena prensa. Tal vez deberían buscar las razones en el estilo que practican, muy enriquecedor si nos fijamos en los detalles instrumentales y estructurales, pero quizás un tanto insulso durante las primeras escuchas. O tal vez debido a la manera de utilizar estas voces. Se ve que no basta con componer una canción de cuna art rock (“Share A Pillow”). Ni incrustar un saxo molón (“Daylight Saving”), contagiar con una “Count It Up” que cruza a Franz Ferdinand con Steely Dan, o estar mejor afinados que nunca con los estribillos. El art rock relajado de Field Music, ese incomprendido para el gran público.

“Holding On To Forever” (Work Drugs). No todos los discos que te gustan se pueden escuchar en cualquier momento. A veces se agradece música que limpie la mente sin más, que no haga pensar ni pretenda emocionar. Este dúo de Filadelfia practica ahora mismo un pop rock suave onda early seventies con cierta inclinación por ritmos math subliminales. Fragmentos de synth pop y dream pop que jamás condicionan lo sedoso del acabado. Haber teloneado a muchos famosos probablemente ha contribuido a que supuren profesionalidad (y, concretamente, de Peter Bjorn & John han asimilado en “Contact High” la percusión de “Young Folks”).