“Dirty Pictures (Part 2)” (Low Cut Connie). Segunda parte de la grabación de una de las pocas bandas aún en posesión de un espíritu rock & roll. Dicen que en directo son espectaculares y escuchando el disco es creíble. La energía que desprenden y la combinación entre los sentimientos de poderío y vulnerabilidad -véase el clip de “Beverly” para entender: ejercer la prostitución con Trump soltando su discurso en la tele- otorgan a Adam Weiner un inesperado papel de portavoz -un Springsteen menor con restos grotescos de Jerry Lee Lewis y Meat Loaf- de los que no están conformes y prefieren coquetear con los márgenes del establishment. Avalado por Tune-Yards y gente de Reigning Sound y Sharon Jones. La esperanza viene de Filadelfia.

“Among The Ghosts” (Lucero). Limitándonos al pentagrama, la música de esta banda veterana trabaja el sonido del rock de la tierra. El que patentó Springsteen, el que releyó John Cougar antes de ser Mellencamp, el que aún reside en los repertorios sureños. El de himnos potentes (“For The Lovely Ones”) y baladas rozando el country de Son Volt (“To My Dearest Wife”, “Loving”). El de las narraciones (el actor Michael Shannon en “Back To The Night”). Sin embargo el calado es mucho más profundo y social. Tiene que ver con la preservación de la cultura norteamericana, con los conflictos éticamente no resueltos, con la guerra civil, los confederados, etc. El debate en la era Trump.

“Olden Yolk” (Olden Yolk). Restos de folk eléctrico urbano en el rock invernal de este dúo neoyorkino formado por Shane Butler (de Quilt) y Caity Shaffer. Lo eléctrico y lo acústico mezclado con buen gusto (“Esprit De Corps”), a veces orquestado (“Gamblers On A Dime”) y otras con detallitos como la guitarra afilada subliminal de “Vital Sign”. El olor a psicodelia dulce se percibe mejor en una “Takes One To Know One” que tanto reivindica a Quilt como al árbol genealógico de los instigadores, léase Michael Head y Love. Como ingeniero figura Jarvis Taveniere.

“The Projector” (Simone Felice). Se alejó del clan de Felice Brothers para formar The Duke & The King. Al parecer se sentía incómodo en el papel de revisionistas del folk de la familia y quería trabajar su vertiente poética, cosa que consiguió a medias en el segundo proyecto, aunque menos que en solitario. En este tercer álbum la madurez de Simone comienza a desprender cargas de profundidad, en las que la oscura amargura -en “Hustler” parece el Springsteen más solitario- impacta desnuda, con emoción sincera -aunque se cuele alguna tonada épica, como la de una “Your Hands” recordando a U2- desde el corazón. En “They´d Hang Upon My Every Word” trabaja un recitado recordando sus tiempos de hobo vagabundo y a la par ensayando su vertiente de escritor. El final con solo arpegio y voz de “War Movie” tiene un efecto mágico.

“Volunteer” (Old Crow Medicine Show). Uno de esos grupos de música tradicional norteamericana de toda la vida post rock & roll, alegran el día con banjos y violines y sombreros vaqueros. Se apuntan a la fiesta rápido, con sus jigs y sus valses pero al mismo tiempo mantienen un idilio con la narrativa (su devoción por Dylan les llevó a publicar una serie de versiones suyas). En estas composiciones como “Homecoming Party”, “Child Of The Mississippi”, “Look Away” y “Old Hickory” es donde la traslúcida producción de Dave Cobb marca la diferencia con sus numerosos trabajos anteriores.