“Wanderer” (Cat Power). Largo silencio de cinco años por causas diversas roto con esta grabación de plenitud, donde todo es sencillo y directo en lo básico: prioridad a la emoción a menudo tan solo con voz, guitarra y piano como armas. Sobre todo inspirada en el apartado vocal, Chan se muestra obsesivamente reivindicativa en “Woman” -con Lana Del Rey- mientras se somete a los rigores de la desazón (“In Your Face”), el fatalismo (“Nothing Really Matters”), el drama con acento latino (“Me Voy”) o la impactante desnudez de la versión de “Stay” de Rhianna. Un destacable momento de aparente felicidad viene en la versión que cierra la edición deluxe, “What The World Needs Now” de Bacharach & David.

“Childqueen” (Kadhja Bonet). Discos así solo pueden surgir de California. Cantautora que lo hace casi todo, dentro de una ambientación sedosa que ni es soul ni tripocalia. Su voz diáfana y delicada se rodea de arreglos pastorales -cuerdas, flauta- con ligerísimos matices de psicodelia suave y sophistisoul. “Childqueen” suena a música del Isaac hayes más nocturno cantada por ángeles. “Delphine” evoca a un trópico de ensoñación irreal, mientras “Second Wind” evidencia la riqueza de su textura vocal. No se sabe si le sentaría bien la etiqueta de cruce entre Laura Nyro y Janelle Monáe, pero escuchando el bajo funk aterciopelado de “Mother Maybe” se puede asegurar que, de haberse publicado en 1972/73, este disco competiría con los de Marvin Gaye y Stevie Wonder de entonces.

“Dirty Computer” (Janelle Monáe). Está sucediendo a menudo. Nuevos talentos surgen con ideas frescas que después no desarrollan, buscando en su lugar volver atrás, a sus raíces, para desde allí reintentar explorar otra vía. O quedarse estancados en el pantano de la re-creación (estilos viejos con tecnología nueva). Esté donde esté Janelle, ha acertado. Ha dejado en pausa su aproximación barroca a las nuevas tendencias -orquestación de music hall, arreglos elegíacos tipo Flying Lotus, ritmos de claqué- y ha invertido en seguridad. “Dirty Computer” (con Brian Wilson) es pop orquestado elegante, “Make Me Feel” pilla muchísimo de Prince -palmadas, riffs funky- al igual que “Screwed” -donde por cierto colabora la hija de uno de sus más grandes plagiadores, Zoë Kravitz-, “Django Jane” se conforma con el típico pulso lento de Lamar para declamar, y la aletargada “Stevie´s Dream” a buen seguro se refiere a Stevie Wonder dada la vocalización. En resumen, la síntesis de influencias más la perspectiva del presente dan forma a un producto extremadamente competitivo.

“I Can Feel You Ceeep Into My Private Life” (tUnE-yArDs). Cambios respecto al anterior. Merrill accede a compartir créditos en sociedad con Nate Brenner (bajista). Y el más importante, las mezclas corren a cargo de Mikaelin Bluespruce, cuyo currículo abarca -y la música de todos estos nombres puede intuirse escuchando el disco- a Blood Orange, Dirty Projectors, Natalie Prass, Solange o Skepta. De modo que las intrincadas combinaciones entre voces y ritmos adquieren un aire algo más sintético, donde la polifonía entre gospel, R&B, tribal y minimalismo sigue dominando, más algunas concesiones a lo radiable (“Look At Your Hands” desprende energía vital contagiosa). Pese a la exuberancia, al cabo de una docena de canciones fatiga.

“soil” (serpentwithfeet). El nuevo soul multiforme destaca por su creatividad. El incuestionable talento de Josiah Wise se muestra en seguida (“whisper”) y, a medida que se suceden los arreglos -nada estruendosos, más bien de una floritura hip hop recatada-, uno piensa en las posibilidades infinitas que se abren si acompañan a una voz con semejante riqueza de registros. Pero, a pesar de ser un ejercicio muy lucido, tipo D´Angelo en su día, al llegar a la mitad (“mourning song”), el paso de capilla del ritmo empieza a cansar. Y sigue y sigue hasta terminar la última (“bless ur heart”). Sin ninguna melodía firme capaz de convertir uno de los temas en inmortal.