“Critical Equation” (Dr. Dog). A estas alturas, todas las partes conocen sus limitaciones y, dentro de los márgenes, tanto la banda como su público no tienen previstos grandes cambios. Esta vez arrancan algo más rígidos con “Listening In” y no desprenden tanto brío pop. Se les escucha tranquilos con bastantes canciones al ralentí. El romanticismo afrancesado de los teclados de “Virginia Please” ya sucede a una pieza muy bonita (“Buzzing In The Light”), con “Night” como balada clave. Por supuesto, cuando se trata de buenos compositores, también pausados aprueban con nota.
“Between Two Shores” (Glen Hansard). Parece que su progresión no dará para más que discos tranquilos sin riesgos ni sustos, lejos de las innovaciones o del espíritu rock & roll. Un par de cortes movidos sirven para meterse en el terreno donde está a gusto; las baladas. Algunas simplemente bien acabadas (“One Of Us Must Lose”) pero otras -como buen irlandés devoto de Van Morrison que es- buscando el aire blues (“Wreckless Heart”), el soul, o simplemente el aire Van (en “Movin´ On” escorado a “Astral Weeks”, y en la invernal “Setting Forth” a “Hard Nose The Highway”). También se entiende sabiendo que tiene otros frentes abiertos (actor, presentador, etc). No hay que buscar donde no existe una intención de haber: ni The Frames fueron Talk Talk ni Hansard un Mark Hollis.

“Passwords” (Dawes). Sigue inalterable el sonido de estos californianos, como siempre entre la voz lánguida de Jackson Browne y las armonías vocales de escuela Eagles. Si acaso, el pequeño susto de la entrada eléctrica plomiza en “Living In The Future” haciendo temer lo peor. Por suerte el resto del disco, sin avanzar respecto a los anteriores, mantiene el tipo con los temas tranquilos dominantes (recomendables “I Can´t Love” y “Mistakes We Should Have Made”). Deberían hurgar más entre sus virtudes en busca de un factor de riesgo que consiga liberarlos de cierta sensación de rutina y monotonía.

“Gilbert O´Sullivan” (Gilbert O´Sullivan). Ha seguido grabando desde sus hits cuarenta y muchos años atrás, sin apenas reconocimiento ni atractivos musicales que lo auspiciasen. Como un Paul McCartney sin pedigrí ni consejeros sabios, avieso con las tonadas simples. Sorprendentemente le ha caído ahora un productor famoso del cielo, Ethan Jones -quien ya trabajó con McCartney por cierto-, quien le ha hecho un trabajo repleto de cariño y tono sepia.