“Honey” (Robyn). El bajo profundo marca cierta diferencia con productos de la misma camada. Un pulso firme aunque solitario. Domina el factor dance de la escucha, alejándose del pop. Más preocupada por enfocar los problemas del corazón, no viste las melodías como Lilly Allen o Rae Morris. Incluso “Because It´s In The Music” y “Baby Forgive Me”, que podrían ser grandes hits con otros arreglos, la dejan caer desnuda defendiendo los estribillos sola frente al ritmo. Para situarnos, “Ever Again” cuenta con la aportación importante de Joe Mount de Metronomy -también presente en más piezas-, otro amante de la belleza sintética para realzar estados de ánimo desoladores. Siempre con el house como salvavidas de una noche larga.

“Love Is Dead” (CHVRCHES). Coinciden las opiniones etiquetándolo como el peor álbum de la banda. Verlos en directo tampoco ayudó a que la chispa de las canciones prendiese. Sucede sin embargo que a mis compañeros de trabajo les gusta. Y, ya se sabe, el roce -sí, sí, mucho roce: todo el verano- hace el cariño. Hasta que de pronto uno se encuentra coreando -para sus adentros, por supuesto- los estribillos de “Get Out”, “Forever”, “Miracle”, “Graves”, “Heaven/Hell” y “Wonderland”. Y piensa que Matt Berningen se implicó en “My Enemy”. Y que la degradación de mi paladar debe ser asumida con la mayor dignidad posible. Sí, algunas de sus piezas me tienen pillado.

 
“Chris” (Christine And The Queens). El de Héloïsse Letissier es el pop del presente siglo, mezclando las influencias de todos los ramales actuales convirtiéndolos en suyos: synth pop, R&B, incluso dream pop. Es aparentemente dinámico, directo y socialmente comprometido, por lo cual no cabe más que aplaudir canciones como “Girlfriend” -con Dâm-Funk-, “Comme Si” -synth pop de primera- y “Does It matter”, con esa energía inoculada con el sinte perturbador. A pesar de los ritmos trepidantes, el que éstos lleguen a veces aislados -como provenientes de un cuerpo expresando físicamente su soledad- dice mucho de lo que el personaje pretende transmitir.

 

 

“Working Class Woman” (Marie Davidson). Electrónica con hincapié en la percusión (“Your Biggest Fan”, “So Right”), con regusto alemán a ratos, elaborada por una canadiense francófona aguda en los textos dibujando los trapicheos de la noche. Más incisiva y, por femenina, más sensual que por ejemplo Factory Floor. Los latigazos metronómicos de un techno rítmico apto para clubs distinguidos (“Lara”), hipnóticos como un Moroder intenso (“Burn Me”), se combinan con pausas ambient (“Day Dreaming”). No se ciñe a un guión amable, sino que se atreve con sonidos más subversivos (“The Tunnel”) de impacto espectacular.

 

“Beautiful Thing” (Alexis Taylor). Esta vez ha tocado cambiar de rumbo. Hasta ahora su carrera humilde en solitario deslindándose de los ritmos de Hot Chip, en busca de un sonido más introspectivo -con bastante piano-, era una bendición para los buscadores de refugios modestos. Seguramente la presencia productora de Tim Goldsworthy habrá influido -ahí está la percusión tribal tipo LCD Soundsystem en “Beautiful Thing”- aunque, por entre un ambiente de mayor flotación, siguen despuntando estas melodías tan personalizadas por su voz. Ahora el piano ya no es protagonista aunque sigue sosteniéndole en los momentos más emocionantes. Por encima de colchas amnióticas (“There´s Nothing To Hide”, “Out Of Time”), sintetizadores o repiqueteos electrónicos (“Roll On Blank tapes”). Añádase la balada sintética “Deep Cut” y ya tenemos otro gran disco suyo.

“The House” (Porches). El nuevo invento de Aaron Maine tiene menos synth pop -bueno, menos synth- que el anterior. También menos autotune en primer plano, aunque solo en apariencia. Y ya no cuenta con la ayuda de Greta Kline (Frankie Cosmos) sino con amigos que van desde Alex G (“Leave The House”) a gente conectada con Blood Orange (el mismo Dev Hynes en “Country”) y de Cende. Se puede bailar con retintín tristón y su escucha deja al final un poso vacío de nivel romántico normalito que en pocos momentos amenaza con romper corazones. Eso sí, mezcla de Chris Coady.