“Devotion” (Tirzah). Cabe considerar éste como un disco de alcoba, pero no de los de alcoba con cubrecama floreado y posters de Elvis, George Michael, Dylan o Nirvana, sino una estancia modesta con tres o cuatro enchufes para que el roland/casio pueda sustentar el micro que alumbra la voz que interioriza. La soledad cálida y austera de Tirzah -más la buena mano de Mica Levi, coautora de “Go Now”- es de nueva generación. Sobre todo me gusta porque consigue la pátina de actualidad con mimbres de secano, lejos del R&B recurrente -aunque sí mutado- o las últimas tecnologías. Como unos Young marble Giants del siglo XXI en clave cantautora. Aparte de la colaboración con Coby Sey (“Devotion”), destaca sobre todo el hipnotismo obsesivo de “Holding On”.

 

“European Heartbreak” (Amber Arcades). En principio, el trabajo de la holandesa Annelotte De Graaf como cooperante en tribunales de guerra de la ONU no afecta a su manera de componer (salvo en “Goodbye Europe”, donde desvela su preocupación por la deriva hacia la ultraderecha del continente). Melodías cálidas y humildemente trenzadas, que van de la balada (“Hardly Knew” es más americana, “Antoine” más Carpenters) y las cenefas crepusculares (vapores de The Clientele en “Alpine Song”) al singalong (“Oh My Love”) con picos de perfección (“I´ve Done The Best” roza los de Camera Obscura). Primera mitad de matrícula de honor.

 

“May Your Kindness Remain” (Courtney Marie Andrews). Sorprende la entrada de “May Your Kindness Remain” con esa guitarra de electricidad doliente profunda que va más allá del perímetro country (densidad palpable en otras piezas, como “Rough Around The Edges”). Es como si el corsé del género le viniese pequeño y no la dejase respirar. Una mezcla de purismo y perspectiva de rock grande muy bien resuelta, aunque a mí me gustaría que su futuro -esa voz merece todo el espacio: nada de segundos planos- pasase por reivindicar lo acústico sencillo. No querría verla sobre el escenario con el típico tattoo, top de tirantes y tejanos negros, cinturón metálico y pelo rojo.

“Girl Going Nowhere” (Ashley McBryde). Supongo que si una chica crece en Arkansas y le gusta el rock norteamericano, acaba -con el tópico del tattoo de marras , la camiseta y las RayBans- centrándose en la versión de carretera -acordes definitivos, herencia country- que dominan artistas como Ryan Adams reinventando secuencias de “Sweet Home Alabama” (“Living Next To Leroy”). Nada que oponer cuando se entrega con la honestidad a la balada (“A Little Dive Bar In “Dahlonega”, “Andy I Can´T Live Without You”).

“Dream Wife” (Dream Wife). Correoso híbrido de pop-punk a cargo de tres rubias de Islandia y UK, con actitud pizpireta y sonido que tiene brillo y a la vez cierta actitud reivindicativa. Se disfrutarán de lo lindo los arrebatos (“Let´s Make Out”), las entradas obsesivas (“Fire”, “Hey Heartbreaker”) y la efervescencia pop (“Kids”, “Act My Age”) por encima del aparente óxido. Aún no consigo asumir, pese al patrocinio de las franquicias en los grandes festivales, que el look H&M case con el sonido de diversión militante.