“Genericana” (Elephant Micah). Hubo un tiempo en que Will Oldham y Bill Callahan competían en tiempo publicando álbumes devastadores. Quien se haya sentido inmerso en el universo creado por el cruce de discos de ambos, disfrutará con esta gran obra mezcla de abandono -las olas y voz de “Surf A”-, folk minimalista -“Fire B”-, y a ratos slowcore, como los siete minutos etéreos de una “Life B” repleta de guitarras amnióticas suspendidas a cámara lenta. Y cuando arrecia, la guitarra ácida tipo Neil Young con voz cavernosa -en “Surf B”- inunda todos los rincones. La aridez del midwest abierta en canal.

“C´est La Vie” (Phosphorescent). Muchos cambios en la vida de Matthew Houck durante los últimos cinco años, incluyendo paternidad y cambio de domicilio (de Nueva York a Nashville, como detalla en “There From Here”). El resultado es un disco cuya variada primera mitad sienta las bases: “C´est la Vie No.2” tiene un par de acordes de una de Family; “New Birth In New England” disfruta de las bonanzas caribeñas del Paul Simon pre-”Graceland” (y de Vampire Weekend), mientras arriesga en una “Around The Horn” más tipo The War On Drugs (si su pianista fuese Leon Russell y tocasen en Nashville). Me quedo con su veta clásica de relajo con slides de “My Beautiful Boy”, “These Rocks”, y la cinematográfica instrumental “Black Waves/Silver Moon”, donde mejor se aprecia su caligrafía personal.

 
“Another Winter Alive” (gospelbeacH). Título que parafrasea el álbum anterior, pues la primera mitad contiene cinco canciones sobrantes -¡menudas sobras!- de aquella grabación. El tintineo refulgente cristalino de los primeros acordes de “Freeway To The Canyon” de Neal Casal es una bendición. Mejor que The Shins o Beachwood Sparks. “Down South” es country rock dulzón, “Running Blind” muestra en esta versión su buena mano para el rock & roll, y “Change Of Heart” incluso se atreve con una entonación glam. La segunda mitad son tomas en directo de piezas clave de su repertorio -una gozada la de “California Streamer”-, incluido el título original “Miller Lite” (después rebautizada “Sunshine Skyway”). Un disco para disfrutar.

“Lost Time Behind The Moon” (Scott Hirsch). Pequeña apertura del abanico estilístico respecto al álbum anterior, entrando con una “When You Were Old” que es como el cóctel soñado entre los vientos de soul sureño y las guitarras slide. Pero a pesar de intercalar piezas donde lo interpreta todo -los instrumentales deliciosos “A Pair Of Nines” y “Pink Moment”, más el epílogo con “Evening´s Wooden Drum”-, lo que destila sobriedad es la compañía, como la del veterano percusionista Mike Coykendall -M.Ward, Richmond Fontaine- o la de William Tyler en “Nothing But Time”, su enésima pieza deudora de JJ Cale.

“Wait For Love” (Cam MacLean). El disco de este residente en Montreal tiene un punto de elegancia rítmica muy similar, al menos en tres canciones, al del compatriota Destroyer de la época de “Kaputt”. En clave más modesta -aquí no hay un saxo que apunte a las estrellas-, el ritmo de “Jacob Always” y “Where I Go” es seco pero aterciopelado, sigiloso y a la par seductor gracias a una voz no tan pasional como la de Dan Bejar, pero sí esgrimiendo un falsete de brisa ensoñadora (“Desire”) muy apto para bucear en la pereza tipo Mac DeMarco (“New Jerusalem”). Debut muy prometedor.