“The Art Of Pretending To Swim” (Villagers). Atmósfera especial la de este disco. Entre el ritmo ondulante de la percusión y la instrumentación envolviendo la voz de Conor O´Brien, la volatilidad creada con piezas como “A Trick Of The Light”, “Sweet Saviour” se sitúa entre lo formal y lo único. A veces recurre a lo vintage según el manual de Alex Turner ( ) y en otras se apoya en los vientos para dinamizar (“Long Time Waiting”) que encajan perfectamente en reminiscencias hip hop con rastro intimista. Una vez terminado con la caricia de “Aida”, mientras le escucho en tránsito en el aeropuerto de Kuala Lumpur, pienso que no hay una música mejor para disfrutar de la libertad. ¿Pretender nadar? Más bien el arte de seducir con canciones.

“Family Of Aliens” (Teleman). Cuando se habló de su álbum anterior,, algunos comentarios apuntaron a The Postal Service. Y no iban desencaminados, más que nada por los incontables estribillos memorables que aportan estos londinenses. Tanto si se relajan (“Always Dreaming”) como si aceleran (el cruce de Hot Chip y Talking Heads de “Twisted Heart”), desde la modestia más absoluta se erigen como guardianes del pop de toda la vida, como bien prueban “Song For A Seagull” -synth pop ejemplar-, “Between The Rain”, “Sea Of Wine” y “Fun Destruction”.

“Lifted” (Israel Nash). La primera impresión es la de un mainstream cuya calidad edificada sobre elementos clásicos puntúa. Como un Rag `N´ Bone Man con voz nasal sustituyendo lo negro por lo country. Pronto sin embargo afloran virtudes más convincentes, como el poso Van Morrison de las composiciones -“Looking Glass”, “Strong Was The Night”, “Golden Fleeces”- y sobre todo el aplomo de unos arreglos con slides que dan a “Rolling On”, “Lucky Ones” y “The Widow” una pátina de grandeur épica Triffids -evidentemente Nash no tiene ni la voz sobria, viril, ni la magia poética de David McComb- que termina por atrapar. Añádasele un par de arreglos vocales con la estela de Beach Boys -como “Sweet Springs”- y ya tenemos un producto muy apañado.

“Natural Causes” (Kelley Stoltz). Sigue picando de estilos cual abeja de flor en flor. Algunos le acusan de falta de personalidad musical o de mimetismo plagiador, pero Stoltz está demostrando disco tras disco una superación constante en la vertiente compositora. Esta vez le ha tocado a la psicodelia suave, y la mitad del álbum inspecciona la letargia crepuscular tipo Real Estate (en “Natural Causes”, “My Friend” y “Where You Will”) para ir generando una energía ligeramente más musculada (“How Psychedelic Of You”, “Are You An Optimist”) aunque siempre reivindicando la faceta biensonante -y allegada al pop- de la telaraña psicodélica.

“Many Nights” (Motorama). Con un estilo muy a piñón fijo tras la estela de unos New Order primarios,los rusos empiezan a esbozar intenciones de pequeños cambios en su quinto álbum. Introducen algo de guitarra acústica -siempre a remolque de la mecánica habitual con teclados-, ralentizan a ratos -en “Kissing The Ground” pican de la languidez de “Behaviour” de Pet Shop Boys, o de The Radio Dept-, incluso proponen con arreglos electrónicos -la entrada de “Voice From The Choir”- un atisbo de ruptura seria. Con las melodías crepusculares de siempre.

“Nature Sounds Of The Balearics” (Mark Barrott). Electrónica sedosa con pulso de brisa planeadora, reivindicando el modus operandi de los miles de Djs de salas de centros vacacionales -llámeseles Ibiza o Bali-, más cerca de las formas agradables que de mensajes inquietos. O cuando se trata de hacer feliz a gente predispuesta a ello. Nada que oponer -de hecho relaja un montón- si el atardecer es tibio… y la copa no muy cara.