“And Nothing Hurt” (Spiritualized). La fórmula psicodélica de Jason Pierce siempre ha consistido en darle vueltas a una melodía y/o un estribillo, alimentarlos con más instrumentos a medida que los repite, y engrandecerlos hasta colarlos como sublimes. Y recurre a lo que sea -sobre todo vientos sureños y masa coral- para empujar la combinación de guitarras prístinas y tóxicas (borlas de slides o acordes sucios), siempre se llega al gran final de aparatosidad sublime. Esta vez ha vuelto con unas cuantas de sobresaliente, auténticas canciones de cuna convertidas en sinfonías. Sin faltar los detalles destroyers, como la fanfarria venérea de “On The Sunshine” -imaginen Stones, Doors y Dylan juntos- o el aquelarre final de “The Morning After”.

“The Blue Hour” (Suede). He entrado con mal pie en este disco. La apertura gótica de “As One” antes de la guitarra es deudora de las bandas metálicas. “Wastelands” parece enderezarse gracias a la linea de entonación del Bowie de “The Man Who Sold The World”, aunque de ahí a compararlo con “Dog Man Star” roza el insulto para sus seguidores. No me agarran las melodías de “Mistress” y “Beyond The Outskirts” -la segunda con un break tipo Black Sabbath- por muy dramáticas y aparatosas que golpeen (entre Muse y Kansas a veces). La esperanza surge con “Life Is Golden” pero para entonces ya has sentenciado la primera mitad y te quedan muy pocas ganas de enfrentarte a la segunda (repleta de opulencia románticopasional como “Tides”, “All The Wild Places”, “The Invisibles y “Flytipping”). Su ambición sobrepasa sus méritos.

“We´re Not Talking” (The Goon Sax). Inevitable, por ser Louis hijo de Robert Forster, que el referente constante al escucharles sean The Go-Betweens. Una sensación que incluso se incrementa con la voz femenina recién incorporada. Lo que sin embargo ilusiona es la juventud (aún adolescentes y con segundo disco) y esas ráfagas rítmicas de guitarra que despegan de Brisbane para sobrevolar la Nueva York de Feelies. Por poco que evolucionen, encontrarán su propio camino y nos sorprenderán.

“The Last Detail” (The Last Detail). ¿Alguien recuerda a la neoyorkina Erin Moran, más conocida como A Girl Called Eddy, la de aquel gran álbum del 2004 coproducido por Richard Hawley? Ha reaparecido vía Elefant en una colaboración con Mehdi Zannad, reputado productor (Tahiti 80) y músico francés, con un trabajo bendecido por referentes del sector como Harvey Williams (el de The Field Mice). Melódico, tranquilo, variado -Beatles, Beach Boys-, a veces pastoral (“Take My Hand”), afrancesado (“Lazy”) o ensoñador (“Die Cast”), con acabados excelentes -incluso alguno afilado, como en “Tears”- para los que se fijan hasta en el último detalle. The last detail.

“Trench” (21 Pilots). A veces, nada más escuchar un par de veces un disco, sabes que se va a vender. Y el nuevo del dúo de Ohio es de ésos.. es de los que pesan, en el sentido de sentir inmediatamente su aplomo y ambición. Un híbrido -como en su día Red Hot Chilli Peppers- que pica del metal, del grunge y del emo, pasándoles por encima el barniz del hip hop. “Levitate”, “Morph” y “Neon Gravestones” utilizan la fórmula, incluso “Chlorine” la apura (casi Eminem con flow más lento) dejando que asome por entre su contundencia falsetes disco (“My Blood”) y alguna tonada mainstream (“Legend”). Una bestia parda. Conceptual, bastarda y magnética. Un triunfo, un Grandes Éxitos.