La carrera de Sharon Van Etten tardó mucho en despegar, y son sus tres últimos álbumes los que la etiquetaron como una cantautora en un entorno de guitarras -acústicas o eléctricas, siempre con un punto desgarrador- que procura enseñar solo la parte de sus fantasmas personales que le interesa. Sangra, y mucho, pero siempre escondiendo el meollo al que todo psicoanalista aspira a llegar.
Ahora que su estado anímico ha cambiado -madre, enamorada, aparentemente feliz-, con él su enfoque musical. Sus canciones necesitaban un cambio de look, y se ha inspirado para “Remind Me Tomorrow” (Jagjaguwar 2019) en la fórmula que John Congleton aplicó a St. Vincent. Instrumentos nobles en un plano muy secundario y prioridad total a arreglos sintéticos donde la electrónica es un soporte -como en los últimos Beach House, o antes en Bat For Lashes, o muchísimo antes en Peter Gabriel- aunque no el protagonista. Sus protagonistas siguen siendo sus canciones, ahora propulsadas -gracias también a las impedancias de Jamie Stewart de Xiu Xiu y Stella Mozgawa de Warpaint- con turbina ultrapotente, de una solidez distinta a la que le pusieron en bandeja hace años Peter Katis o los amigos de The National. La fibra robusta de Congleton se convierte en pedrada que aturde en “Comeback Kid”, destripando sus relaciones otrora tempestuosas. Es la pieza más impactante junto a “Seventeen” -ésta con cierto trote inicial U2- con su subida apoteósica. Casi todas las demás piezas son igualmente muy compactas -en “Hands” Sharon utiliza el ruido para erguirse aún más-, incluso -como en “No One´s Easy To Love”- cuando se trata de mostrarse sentida sin ningunear la melodía, defender un final a la altura -el piano opaco acaba sucumbiendo a la percusión en “Stay”- o aplastar -caso de “You Shadow”- espectacular. Por entre lo abrumador no obstante sigue respirando una artista capaz de canalizar sus emociones liberándolas en el instante preciso. Eso sí, con un discurso instrumental actualizado.