No sé si quedó claro en la reseña de su concierto en Laneway el año pasado; el caso es que me impresionó bastante ver a Stella Donnelly sola sobre el escenario nada más entrar en el recinto. En su casa -nació en Gales pero creció y vive en Fremantle- con el desparpajo propio de quien ya ha superado la adolescencia pero con la frescura de voz y espíritu para hablar de ella. Y de la hipocresía de la vida de adulto. Por muy bien que se viva en Australia, allí también prolifera la malicia del ser humano poniendo en peligro su bienestar.
Por ello, su radiografía de los problemas que acucian a la generación de los veintitantos queda suave y a la vez brutalmente expuesta en “Beware Of The Dog” (Secretly Canadian 2019) gracias a su habilidad expresiva. Utiliza el humor -femenino, de nuevo milenio, cauto y a la vez incisivo- sin dejar de lado la importancia -a veces entre lineas, para que quien la escucha también se esfuerce- del mensaje. Y utiliza sus armas de cantautora con espíritu joven desacomplejado, llamando las cosas por su nombre sin rehuir fobias. Las relaciones de pareja son el eje, pero vistas desde un marco panorámico que afecta a familia y amigos, así como otras relaciones (las del trabajo, etc).
El fundamento de sus composiciones es la guitarra acústica. Solo que ha sido lista y ha estado bien aconsejada para añadir los elementos justos que le den el aire variado a la grabación. La más ornamentada y sintética es “Watching Telly”, donde describe la relación de una chica de 21 y un chico de 27 y la reluctancia de ella a seguir las reglas socialmente establecidas (he liked Ernest hemingway, I liked watching telly/…./ Took the long way to my home from the doctor/ only spoke to a few friends before the surgery/ threw up on my birthday). En la anterior, “U Owe Me”, trabajando en un pub se niega a claudicar al patrón. Las hay adorables con solo repetir tres frases (“Die” y ese estribillo de `I don´t wanna die´ de perla esmaltada, o la mágica y cristalina “Bistro”), mientras en otras juega al contrapeso entre voz y texto (seductora voz la de “Tricks” cuando pronuncia `get laid´, o una aparentemente festiva “Season´s Greetings”, cuando la toma con la frase `fuck up your life´ hasta la evanescencia, después de soltar `my mum still a punk and you´re still shit´).
El momento cumbre se produce con “Boys Will Be Boys”, una canción ya publicada en un EP previo. Toda una bofetada a la hipocresía social poniéndose la venda en los ojos ante la violencia de género, y quizás una de las canciones más importantes para denunciar la injusticia (comparable a aquella “Luka” de Suzanne Vega respecto al maltrato infantil): véase el video promocional mientras discurre el texto. Con menos alegoría y mayor beligerancia -cause it´s our words that´ll keep your daughter safe/ your personal traits don´t count, if you put the dick in someone´s face/…./ We sat there silently while you kept your job, and your place and your six-figure wage- ataca “Old Man”. Y la deliciosa “Mosquito” (I use my vibrator wishing it was you).
Si después, tras doce canciones que acaparan toda la atención, termina con una “Face It” donde resume con un par de pinceladas los inconvenientes del compromiso de parejas alejadas en la distancia de modo tan sensible -I´m locked out of my body and all its usual common sense, I´ll be there in the end, playing with myself again-, ya no quedan dudas acerca de las múltiples cualidades de la que debe ser considerada una de las puestas de largo más importantes de los últimos tiempos. Principios y valores, nuestras carencias actuales.