Repaso la difusa biografía de Rina Mushonga -nacer en India, crecer en Zimbabwe y formarse musicalmente en Holanda y UK- mientras escucho su segundo álbum “In a Galaxy” (PIAS 2019), y aprovecho para hacer un inciso. No sé por qué dejó Harare ni su calidad de vida allá, pero he escuchado historias acerca de los treinta años del régimen de Robert Mugabe entre 1987 y 2017, casi ninguna buena. Autoritarismo, cero respeto a los derechos humanos, plagas -sida, cólera- y una reforma agraria que, en vez de repartir la tierra haciéndola más productiva, la desertizó hasta conseguir que una cuarta parte de la población emigrase o se exiliase. Eso sí, la música muy bien, como ha ocurrido en gran parte del continente. Esa música nacida del sufrimiento que persigue constantemente la alegría.
El disco refleja de refilón la exuberancia africana y las buenas maneras productoras occidentales (en este caso Brett Shaw), con la vista puesta en la operatividad del synth pop (“Good Vacation”, “For A Fool”) y consciente del peso de las prospecciones de las colonias: “Pipe Dreamz”, “In A Galaxy” y “AtlantA” tienen trazas de Peter Gabriel, mientras la entrada de “4qrtrs” -aunque se desflore después en Vampire Weekend- es calcada a una de Police (esta mirada caribeña de reojo se proyecta en el tipo de calidez desplegada en “Hey Coach”). Por supuesto la suma de influencias consigue a veces superar los referentes y mostrarse personal (sabes de dónde viene el pop cristalino de “Narcisc0” y el hecho de no saber ubicarlo en otras músicas le da un plus de personalidad) o simplemente se funden los distintos vectores en un equilibrio neutro (la balada profunda “Glory_”).
En resumen, dejando de lado la palabrería que a veces confunde más que define, un buen disco de pop para acompañar la subida de las temperaturas.