Siempre con el mismo problema a cuestas: buscar las palabras precisas para definir la música de una cantautora femenina. Muchas se parecen, no por su sonido, sino por las sensaciones que suscitan, provocando adjetivos coincidentes: ensoñadora, celestial, etc. Y lo que permanece tras escuchar a Alice Phoebe Lou es tan placentero que incluso resulta molesto claudicar ante la nomenclatura recurrente.
La mejor opción para describir “Paper Castles” (2019), el nuevo álbum de esta sudafricana instalada en Berlín, es a través del currículo de su productor Noah Georgeson. Conviene recordar, además de aquel disco suyo tan de tono sepia -“Find Shelter” del 2006-, su implicación en la parte intimista -folk tipo Laurel Canyon- del repertorio de Devendra Banhart, o en su aportación a “The Party” de Andy Shauf. Y también destacar, por supuesto, su habilidad tratando voces femeninas peculiares incisivas como Flo Morrissey y Joanna Newsom. A esta última se parece Alice en lo nítida y transparente que llega en cualquier variante. La intimista normal (“Fynbos”), la de pureza absoluta (en “Something Holy” como aquella Maria Muldaur de “Midnight At The Oasis”, con el coro vintage final añadido), la perfumada (“Nostalgia”), la sensual (atmósfera flotante en “Galaxies” con piano eléctrico y percusión) o la de electrónica cadenciosa (una “Paper Castles” entre tropicalia subyacente y pinceladas de jazz suave seventies). Siempre con un halo de exuberancia natural cercano a la Julia Holter de “Loud City Song”.
Aunque baja un poco durante la segunda mitad, este disco tiene un arranque fulminante. Como un amor a primera vista, ya te has rendido sin aún llegar a conocerlo bien.