Desde el accidente, Bradford Cox ha desacelerado. Aquellos envites de Deerhunter en espiral hipnótica in crescendo han dejado paso a un ambiente más relajado, con un punto reflexivo agazapado ya elocuente al titular un álbum “Why Hasn´t Everything Already Disappeared?” (4AD 2019).

Nos movemos entre melodías apacibles y ambiente rozando el slacker de Mac DeMarco -algún latigazo suelta a veces, como en medio de “No One´s Sleeping”- que gusta entrar fácil -entre Beatles y cualquier compositor californiano seventies en “Death In The Midsummer”- para inocular algo de óxido al desarrollar las piezas. Ayudado por la presencia inspiradora de Cate Le Bon, consigue Brad combinar ciertas pautas de aventura -la percusión suavemente balinesa de “Tarnung” con coros elegíacos- y tramos melosos -los primeros instantes de “Futurism” que vuelven a final de cada estrofa, la languidez vocal digna de Real Estate en “What Happens To People?”, o la brisa casi tropical de “Plains-, sin olvidar reivindicar el músculo -“Element”- y la conocida tensión de la banda estirando el mantra de “Nocturne” hasta los seis minutos.

¿Su disco más centrado?