El primo gamberro de Tame Impala siempre va un paso por detrás. Ya en “The Weather” dejaron Pond las ínfulas prog y se suscribieron a las nuevas pautas marcadas por “Currents” respecto a “Lonerism”. Esta vez sin embargo no les ha precedido otro disco de los de Kevin Parker, de modo que la progresión ha de observarse según unas pautas propias naturales apuntando al synth pop sin escatimar guiños a la electrónica.
En cualquier caso, de estas cosas se puede hablar tranquilamente desde Subiaco camino de la playa de Cottlesloe o de un pub de Fremantle. Porque bien podría haber “Tasmania” (Spinning Top 2019) sido firmado por una sociedad entre Nick Allbrook, Kevin Parker -quien produce- y Johnny Jewel. A veces lo profuso de los sintes, rozando el over the top (caso de “Handmouth Dancer”), recuerda el hipnotismo de Chromatics. En otras, como en “Daisy”, se mantiene en la franja del dream pop hasta que lanza la estructura synth tipo MGMT en “Me And Michael”. Y cuando en la primera mitad de “Burnt Out Star” -que reincide en el tema de Tasmania- pone voz de Bowie, está utilizándola a modo de aperitivo para después adentrarse en una densidad cercana a “Screamadelica”. Finalmente ceden al impulso de los tiempos actuales con una “Shame” de electrónica dispersa libre de las ataduras de los instrumentos convencionales. ¿Está marcando distancias con su mecenas/productor o se está dejando llevar por las nuevas inquietudes? Un disco nuevo de Tame Impala debería despejar este tipo de especulaciones.