Una de las mayores virtudes de “Party” (2017), el segundo disco de Aldous Harding, era la de hacernos estremecer con pequeños detalles mágicos bajo la apariencia de folk sosegado. Con un simple alarido a modo de súbito latigazo en una pieza, o estirando la vocalización de una sílaba de modo turbador: en definitiva un sonido que atrapaba distinto -no sé cuál fue la importancia en este aspecto de la producción de John Parish- y ciertamente singular.
El intimismo de “Designer” (4AD 2019), su nuevo trabajo, es menos extremo e hiriente. Con un flujo rítmico suave y constante -en “Fixture Picture”, “Designer” y “Weight Of The Planets”- donde los bongos del repetidor Parish le dan calidez a las acústicas -fórmula Iron & Wine, como en “The Barrel”-, provoca una armonía bella donde lo inquietante esta vez se ciñe a los textos dibujando viñetas que ni ella misma -como reconoce en entrevistas- acierta a analizar. La hermosura y plasticidad del conjunto está garantizada pese a ese ligero acercamiento a los parámetros de folk mainstream -si por `mainstream´ entendemos al primer “Ryley Walker, que ya es mucho pedir- con temas que empiezan acuosos -como “Zoo Eyes”- para agrandarse con los minutos.
Curiosamente, el pulso de la grabación se ve ralentizado en su estertor, cuando la acústica espartana de “Heaven Is Empty” apunta directa a la desolación, cerrando al piano con la no menos desvalida “Pilot”. Sensación agridulce. Esta vez Aldous no ha mordido con pasión, sino pellizcado con guantes, aunque nuestras terminales nerviosas se han resentido igualmente.