Cartel en mano, no las tenía todas conmigo esta vez. Sé que es difícil compaginar los gustos de todos sin defraudar a nadie, adaptar los horarios a los distintos perfiles de asistentes según avanza la jornada, e intentar evolucionar, pero en mi caso se solapaban hasta tres favoritos a primera hora -luminosidad además poco propicia para músicas sensibles- mientras tras entrar la noche a menudo no encontraba un grupo que a priori me excitase. Suerte que el paladar ecléctico deja puertas compensatorias abiertas.
Así que las obligaciones profesionales acabaron marcando el perfil de la ruta sin opción a dudar. Me tocó Alice Phoebe Lou, de modo que solo pude escuchar cómodamente tres piezas de Julien Baker, cuya voz intensa -a menudo alejándose del micro para no saturar-, arpegios de guitarra y violín resultaban un cóctel perfecto en el auditori. En cambio Alice, a la que me hubiese encantado escuchar presentar el disco en el mismo recinto, salió con banda al aire libre. Más compacta y menos boreal que enlatada y, según ella, con bastante experiencia como asistente del festival, se trataba de pasarlo bien, de modo que inyectó arreglos de banda normal -con pequeños detalles: guiños al jazz con vientos, y a la tropicalia con un apunte de flauta- que me recordó en algo -¿esa visión sintética actualizada del pop-jazz-funk?- a Tom Misch. Sonaron “Paper Castels”, “Nostalgia”, “Galaxies”, “Something Holy” y “New Song” entre otras, así como una versión de “Want Me” de Puma Blue. Escuchando “She” pensé -por sus orígenes sudafricanos- que también podría haber caído alguna de Vampire Weekend.
Aunque les vi cómodamente sentado en la grada, me fascinó la telaraña de Soccer Mommy -mejor incluso que en disco- con maneras de banda rodada. Un sonido capaz de envolvernos con tramos líquidos -en más de una pieza pensé en una interpretación del sonido 4AD en clave norteamericana- que contrastaban con la inconveniencia del sol. Dato: uno de los músicos llevaba una camiseta de Pylon, seguramente debido a la presencia en el festival de la cantante de éstos en forma de banda tributo (Pylon Reenactment Society).
La sorpresa agradable de ver a un Stephen Malkmus tanto o más en forma en directo que en disco me hizo disfrutar bastante de su peculiar habilidad encarando los solos de guitarra, sacando petróleo de la sencillez, con una conducción de los temas capaz de mantenernos atentos vibrando. ¡Qué buenas son “Kite” y “Let Them Eat Vowels”! Y sobre todo me alegró haber asistido en lugar de Big Thief (mi primera opción en principio). Con tres canciones del grupo en un escenario inhóspito para percibir los detalles de “U.F.O.F.”, sentí pena por una Adrianne perdida en la dinámica festivalera, que terminó cantando con los ojos cerrados. No sé si por emoción o para no ver lo poco atento que estaba cierto sector del público. Pagaría mucho por verles en el auditori.
En cambio a Mac DeMarco le sientan bien los macrofestivales. Tiene un punto propio de comunicación, entre lo afable, lo provinciano y lo dopado que encandila, con sus riffs clásicos repletos de rítmica alegremente cadenciosa -la botella de vino presente- que encanta al público menos exigente sin caer en el mainstream. Sí, es un punto que pasa por encima de su look y atrapa la sensibilidad -vista la audiencia- femenina; de resonancia sexy. Por el contrario, pareció que Courtney Barnett contentó a sus incondicionales con un repertorio ya más asentado que en su visita anterior, aunque la vi algo perdida. Quizás fue el efecto tras comprobar que la asistencia era menor que la esperada en el recinto grande a esta hora (un problema que se agrava con ciertos repetidores y la dificultad de encontrar tantos nombres nuevos con gancho para atraer).
Otra sorpresa agradable fue el sonido de Guided By Voices. Toda una deuda saldada ver a Robery Pollard -que parece un jugador de golf retirado- a estas alturas desgranando de una manera tan profesional y directa un cancionero que yo recordaba mucho más sucio y lo-fi.
La última parte de la velada se centró en cenar, picar un par de canciones de una Erykah Badu que se hizo esperar (lo compensó con el atuendo, y la entrada con referencia a “Hello It´s Me” de Todd Rundgren), y caer en las garras de la exhibición torrencial electrónico/rítmica de The Comet Is Coming liderada por los envites electrónicos brutales de Danalogue y el saxo de un Shabaka Hutchings definitivamente al alza. ¿Sabes cuando percibes uno de esos momentos -Santi Carrillo me comentó que se sintió en Nueva Orleans- en que la música te ha vuelto a abrir los ojos y vislumbrar el futuro? Pues eso.