Estoy en una habitación de una gran urbe asiática devorada por el calor. Amanece. El ruido del tráfico empieza a ser lo suficientemente relevante como para eclipsar el del aire acondicionado que me tiene agazapado bajo el edredón. Tengo un reproductor de cds muy rústico con altavoz, y quiero escuchar “U.F.O.F” de Big Thief (4AD 2019) así -no con auriculares-, dejando que el sonido precario se esparza y se confunda con el de la ciudad a mi alrededor. Dejar que la realidad y el sueño se mezclen entre la primera luz matinal, cuando el final de la quietud y de la tibieza ensalza hasta el más nimio detalle. Un repiqueteo, una palabra. Y un escalofrío.
No puedo parar de temblar mientras “From” me golpea. Es el epicentro de una primera parte del disco que ya avisa con el inmaculado patrón folk de “Cattails”, la anterior. Adrianne Lenker está desnudando sus emociones ante mis incrédulos tímpanos. Entre el ronroneo y el maullido, sobre la increíble fragilidad de las texturas sonoras que la banda ha construido para arroparla; para envolverla en el celofán dorado que te arrulla. La compasión y el cariño a borbotones que destila a mitad de “Open Desert” traspasa las barreras más infranqueables de cualquier corazón, incluso de los que han blindado con hormigón las grietas de la vida. The white light of the living room, leaking through the crack in the door. There was never need for more.
Orange is the color of my love, musita decidida en “Orange”. Sí, siempre nos quedará aquel Donovan positivo de los albores del folk británico como reverso de una viñeta de mentiras, moscas y muerte. Adrianne carga con la más exquisita de las mochilas, la que concilia las formas con el fondo, pisando sigilosamente por nuestras pequeñas horas íntimas, a veces a punto de romperse pero siempre sobreviviendo a la penúltima nota hasta alcanzar la definitiva, merodeando nuestro punto débil hasta dar con él y atacarlo. Puede incluso santificar una oración (“Betsy”).
Estamos ya en la cúspide, en “Terminal Paradise”, mientras fuera, más allá del edredón, la ciudad ha despertado definitivamente. No hay palabras para describir su interpretación. Terminal, we both know, let the rest of me go. Ni Mary Margaret O´Hara. Me rindo. De hecho me siento incapaz de escucharla junto a otra persona sin girarme y mirarle a los ojos para averiguar si, callada como yo, está pensando lo mismo. Sí, esa otra persona que todos buscamos con la mirada. La lágrima a modo de orgasmo. Disco del año.