Ah…esos pequeños grandes discos. ¡Qué sería de mí sin ellos! Tres años atrás ya hablamos de las delicias de “Janus” de Matt Kivel, un músico de educación californiana afincado en nueva York que hizo sus pinitos en el grupo Princeton junto a su hermano gemelo y a otro amigo de los tiempos estudiantiles en Londres, y al que se ha visto junto a Will Oldham y Fleet Foxes.
La profundidad de campo de su nuevo disco “Last Night In America” (Cascine 2019) tiene bastante en común con la gente de Robin Pecknold una vez traspasada la capa fina de electrónica que actúa como colcha de acústicas acuáticas (“The Tower”). Está en la reverberación de las piezas, en lo florido del retumbar de las cuerdas de la guitarra en una tonada bellísima de regusto indio como la de “Wendy And Roxanne”. En los arpegios de “L.A. Coliseum” entre The Clientele, Galaxie 500 y Real Estate, o en el falsete sobre electrónica y acústica de “Radiance”, no tan cegador como los Foxes ni tan sintético como James Blake.
Pero por encima de todo Matt desprende la sensación de comandar un engranaje que no pretende demostrar toda la potencia de su combustión. Escúchese la parsimonia pausada pero firme de “Two Braids”. Chirría oxidado pero sin desfallecer, sbiéndose necesario en el momento en el cual necesitaremos apoyarnos en él para encarar nuestros próximos pasos, tan reconfortante como para hacernos sentir protegidos incluso en sus momentos más inquietantes. La noche americana. O su visión desde Austin a través de una lente oscura, remitiendo a la cinta de Truffaut. De recomendación obligada.