Durante el pasado Primavera Sound, mientras esperábamos la actuación de Tirzah, sonó por los altavoces una canción de Teleman que me alegró el día, y me hizo pensar en la necesidad diaria de pop tradicional que necesita mi mente; como una adicción.
Por eso tal vez “Raw Honey” (Mexican Summer 2019) de Drugdealer es uno de los discos que más he escuchado a lo largo de la primavera. Pop sin tapujos; el de Beatles, Beach Boys, estribillos, coros, y un aire early seventies -como “Lonely”- colándose sin permiso por las rendijas que apuntan al verano. Su artífice, Michael Collins, en el anterior ya había reclutado a Weyes Blood, así que no es noticia que sea ella quien rompa el fuego con “Honey”. Los arreglos de “Lost In My Dream” y “Fools” nos situarían entre Beach Boys -o su admirador Sean O´Hagan- y aquellos grupos blandos de la FM norteamericana (sin llegar a Dawn), mientras proliferan los guiños de guitarra de punta fina -en “If You Don´t Know Now, You Never Will” incluso alguna secuencia de acordes de “Hey Jude”- tipo George Harrison. También en “Wild Motion” destaca la interpretación de Dougie Poole en clave Presley/Orbison/Hawley.
Todo ello muy mimado desde un prisma de fan -igual que hizo Dan Auerbach en “Waiting On A Song” hace dos años- con ingeniería de Mac DeMarco, al que respaldan unos cuantos músicos como Brian D´Addario -quien ya trabajó con Weyes Blood- y Michael D´Addario de The Lemon Twigs, o Ari Balouzian, arreglista de Tobias Jesso Jr. Evidentemente todo se entiende mejor tras citar estos nombres.
Drugdealer, el buen camello del pop, con material de primera para oxigenar el cuerpo mientras surca las venas.