No es la primera vez, y espero por supuesto que no sea la última, que sale el nombre de Ignacio por aquí. Colaborador en esta página hace unos años, aficionado a la música convertido en emprendedor gracias a su conocimiento de la escena madrileña, saca tiempo del sueño para sufragar singles de músicos que a él le gustan en su modestísimo sello Garibaldi. Cierto, no es el único, y lo justo sería inaugurar una estatua colectiva a la honra de todos ellos en el hall de algún antro emblemático madrileño del pop alternativo.
La diferencia en mi caso es que conozco a Ignacio y tengo innumerables pruebas de su buena fe y altruismo. Por eso, cuando me llega de pronto por correo un sobre con los tres singles publicados por Garibaldi en 2019 y lo abro, una corriente de alegría me empieza a invadir, mutando, con solo tocarlos, en cortocircuito de cariño. El cartón mate de textura dulcemente deslizante de las carátulas, una hoja con los textos en uno y el vinilo transparente de otro, indican que el mimo dedicado a darles vida va más allá de la música. Es inherente al amor que uno siente por ella. No importa tanto si son las mejores canciones de La Estrella De David (“Viva La Vida” y “Singularidad”), José Ignacio Martorell, alias Jonston (“Electricidad” y “Las Sardinas No Vuelan”) y Estrella Fugaz (“Adiós” y “Feliz Cumpleaños”) porque enfundadas así, las seis piezas me parecen mucho más preciosas que escuchadas en el bandcamp. El valor añadido.
Insisto, no me tengo por un coleccionista de este tipo de artefactos. Pero el subidón que sentí al abrir el sobre hace una semana me provoca serias dudas. Chapeau, Ignacio.