Uno de los momentos del año: cuando el sigilo del tintineo de “Silhouettes” de pronto es roto por la explosión de belleza instrumental; o cuando desde la entrada se está proclamando que éste, para paladares exigentes, va a ser un disco muy especial.
A American Football se les situó, por su obra anterior -básicamente el primer disco- en los márgenes del emo. Esto sucedió en el milenio pasado. El segundo no llegaría hasta 2016 -a día de hoy me arrepiento de mi tibieza reseñando su presencia en Primavera Sound 2015- para recordar que existían. Ahora, con esta tercera entrega también titulada “American Football” (Polyvinyl 2019), el grupo de Mike Kinsella se ha adentrado en un territorio de electricidad frágil y contemplativa que rebosa sensibilidad invernal. Por muy americanos que sean (Illinois), parecen la fusión perfecta del post rock melódico de Mogwai con el dream pop de sus vecinos británicos Trembling Blue Stars u otros compatriotas escoceses. O sea, post rock y dream pop trabajando los extremos más dulces de ambos, con detalles esporádicos de shoegaze. Para ello se hacen acompañar de algunas voces femeninas contrastadas para alumbrar los arpegios cristalinos. Si la presencia en “Every Wave To Ever Rise” de Elizabeth Powell de los canadienses Land Of Talk sirve como aperitivo, el plato fuerte llega con una “Uncomfortably Numb” que deslumbra gracias al apoyo de Hayley Williams de Paramore. A partir de allí no podemos parar de escuchar el álbum de un tirón cautivados por su magnetismo mágico, con una “Heir Apparent” cuyo flujo tranquilo nos transporta al epicentro de la bonanza de la mano de The Omaha Children´s Choir. Piezas relativamente largas y apacibles -entre lo cuatro y los siete minutos- como “Doom In Full Bloom” se suceden dibujando paisajes de ensoñación, de las que es obligado destacar el nombre de Rachel Goswell (Slowdive) en la algo más vitalista “I Can´t Feel You”.
Los acordes crepusculares de “Life Support” -nivel casi los Butterfly Child de “Soft Explosions”- remachan la sensación de estar ante el fruto de unos músicos de gran sensibilidad, que han aprendido a manejarla y dosificarla con la parsimonia y plenitud de un cuarto de siglo de experiencia. Música en la mochila de nuestros bienes más preciados.