Del imaginario de los parajes desérticos norteamericanos despuntan sugerencias musicales renovadoras. Quienes disfruten de voces entonando según el manual de Roy Orbison con ambientaciones de Chris Isaak, y no busquen encontrar la virilidad implícita en la voz de Johnny Cash o Nick Cave -sino la explícita-, están de enhorabuena.
El canadiense Orville Peck ha sido ubicado en una casilla nueva, la del queer country. “Pony” (Sub Pop 2019) está trufado de alusiones sentimentales -cowboys que se miran, se enamoran, etc- sin en cambio hacer concesiones al tópico arty gay, pero sobre todo goza de una excelente salud musical sacando punta al género. Los acordes rudos de “Buffalo Run” se llevan bien con el talante de las baladas para crooners (onda Richard Hawley en route 66) que dominan la grabación, y de hecho prevalece la sensación que “Queen Of The Rodeo”, “Kansas”, “Roses Are Falling” y “Hope To Die” están mejor trabajadas que lo que aparentan, por mucho que miren atrás (a veces con sorna). Son buenas, muy buenas canciones. Tanto si cantan a la luna a la luz de una fogata con guitarras ululantes, como si cabalgan a lomos de un corcel sudado, ayudan a la recogida del algodón o hablan de enamorarse de un boxeador.