En un periodo relativamente corto, el britpop pasó de ser un estilo adorado a uno vilipendiado; el que media entre 1995 y 1996. Así, los grupos surgidos a partir de 1995 lo tuvieron más difícil a la hora de recibir alabanzas -a veces exageradas- y a muchos se les trató -justa o injustamente: es cierto que buena parte de ellos no aportaba savia nueva- con recelo excesivo.

Longpigs es un buen ejemplo de la decadencia mediática del género. De haberse publicado “The Sun Is Often Out” (Mother 1996) tres años antes, se le habría endiosado con los resortes típicos de la prensa musical británica. Pero en 1996, como en el circo romano, tocaba pulgar hacia abajo. También es verdad que al álbum le faltaba equilibrio -en la primera mitad están las canciones emblemáticas- y que a buena parte de las composiciones les falta personalidad propia: la que abre el disco -el quinto single “Lost Myself”- está más que inspirada en Suede reflejando la estrategia de Crispin Hunt deudora de Brett Anderson y Thom Yorke, al igual que “On And On”, cuarto single; alguna de las baladas huele a Verve y bastantes temas sufridos pillan de los primeros Radiohead; “Far”, el tercer single, tiene una entrada suavemente psicodélica como Charlatans; pocos confiaron en “She Said”, primer single, que se reeditó tras el éxito de “On And On”; y en “Sally Dances”, buena sorpresa, suena un cachito deudor de Shack.

El disco no es para tirar cohetes, aunque tiene cierto valor histórico de la Gran Bretaña de la época, especialmente de las distintas fases del Sheffield musical, gracias a la presencia de Richard Hawley, hijo de Dave Hawley, gran guitarrista polivalente fallecido en 2002 temporalmente a las órdenes de Joe Cocker -en abril de 1996 Richard se explayaba en entrevistas de Longpigs contando anécdotas alcohólicas de Joe casa de su padre- y luego, tras pasar por Pulp, crooner en solitario, que siempre ha estado presente en el corazón de la ciudad. Colaboraciones con Arctic Monkeys incluidas.