Nadie puede negar a Cate Le Bon su fama de artista inquieta, con el plus de la denominación de origen galesa. Parece ser éste su año de consolidación, no solo porque figura destacada en el disco de Deerhunter -en el pasado ya aparecía en créditos de Manic Street Preachers, Chemical Brothers o Kevin Morby-, sino porque su quinto álbum “Reward” (Mexican Summer 2019) contiene elementos para trascender las limitaciones del mercado alternativo.
La entrada es magistral con el saxo evocador marcando la pauta en “Miami” -presencia importante en toda la grabación de Stephen Black de Sweet Baboo- como presagio de ese gran single que es “Daylight Matters”. Aquí esta vez no se ciñe al art punk o al motorik, sino que defiende una concepción más cercana al pop, por muy entrecortados -la sensación falsa entre lo minimalista y lo rudimentario del desarrollo instrumental- que suenen algunos tramos. Esta delicia coqueteando con el dream pop -en “Here It Comes Again” por ejemplo, o en los grititos sensuales de “The Light”- no dura toda la grabación pues hacia la mitad Cate ya saca su lado complejo -aunque tamizado por la percusión de Stella Mozgawa, puede incluso flirtear con el jazz- con arreglos entre Broadcast, Stereolab o unos Talking Heads de relajo, aunando lo casero y la vanguardia de modo aparentemente -que no lo es- fácil.
Me he quedado con ganas de escucharla trabajar más su vertiente pop.