Todo lo grabado por Thom Yorke desde “Kid A” -con o sin Radiohead- ha estado impregnado de alguna manera por la electrónica, pero éste es el primer trabajo donde se percibe que el autor desea dar a las composiciones el status de canción. Muy a su manera, por supuesto, leyendo entre líneas también en la continuidad de la nomenclatura: tras “Suspiria” llega “ANIMA” (XL 2019) para insinuar ya desde lo más escueto del título las sensaciones que pretende explorar.
Entre los muchos ritmos fragmentados sobre ideario techno procesado por el manual inventado por Thom, sobresalen las pausas dreamy -ya presentes subliminales en teclados de canciones como “Fake Plastic Trees” o “Bullet Proof” de “The Bends”- como el planeador “Dawn Chorus” -el anhelo del de Oxford expuesto: if you could do it all again-, aunque también lo mecánico impacta. Ahí está la desolación hiriente de “The Axe” -I thought we had a deal, repite obsesivamente- o el groove seco de “Impossible Knots”, donde por unos instantes el teclado invita a pensar que va a cantar una secuela de “West End Girls” de Pet Shop Boys.
Yorke se mueve bien en las entrañas de la electrónica, siempre hurgando en nuestros instintos no descriptibles. Como si la felicidad se produjese bañándose en el pesimismo ambiental más de cables que de acordes. No te sobrevendrá un ataque de ansiedad al escucharlo pues intuyes que él ya lo ha tenido por ti.