Son los tiempos que son y hay que aceptarlo: la electrónica y los beats se han apoderado del mercado, y cada vez queda más aislado el rock. Debido a ello, los amantes del rock combativo, militante y ruidoso procedente de una educación sociológica punk -que se doctoró con The Clash y evolucionó a The Fall-, sobre todo los británicos -al otro lado ya tenían a Parquet Courts-, estuvieron el año pasado de enhorabuena gracias a los trabajos de Shame y Idles. Ahora Fontaines D.C. irrumpen para consolidar el frente musical agresivo y socialmente crítico.
En “Dogrel” (Partisan 2019) muestran sus avenencias y sus particularidades. El bajo de “Too Real” mama de Joy Division pero conduce a la guitarra a un clima incendiario -six o´clock six o´clock…y la lava bajando- donde la voz lacera como Mark E. Smith. La intensidad vocal de Grian Chatten es personal y creíble sin disimular sus raíces irlandesas. De hecho gran parte del magnetismo de la banda se debe a su respeto por el origen irlandés; su furia es humana, y más vulnerable que granítica, como si el punk de provincias se reivindicase frente a las cloacas cosmopolitas -de hecho “Dublin Is My City” es casi The Pogues- del imperdible trendy.
Cuando la densa “Hurricane Laughter” empieza a atropellarnos y el ambiente se ha cargado de adrenalina -el combinado también pica de la esencia lisérgica de los discursos de Jim Morrison-, sueltan “Roy´s Tune”, su canción más sentida edificada sobre acordes tristes donde el texto dirigido a la clase trabajadora cala hondo (curiosamente el álbum está producido por un Dan Carey curtido en la reivindicación de Kate Tempest). En cualquier caso, su protesta social está más dirigida al beneficio de la comunidad que al del bolsillo. Definitivamente es una de las mejores piezas del año.
Podría seguir elogiando el resto de temas, desde otro arrebato como “Chequeless Reckless”, o el rock vintage disfrazado en “Liberty belle”, siempre con la misma conclusión. Es un disco forjado con los materiales que le dan grandeza al género, cuando necesitamos sonidos para musicar nuestros momentos de rabia y hacernos sentir tanto la impotencia como la ilusión para poder cambiar cosas. Un disco inmenso.