Sonido sugerente el de esta formación surgida de Boston moviéndose en espacios nebulosos y aletargados. Por lo escuchado en “Jinx” (2019), puntúa fuerte esta ambientación onírica donde la voz de Lila Ramani susurra dulce pero a la vez mecánica -tal que Laetitia Sadier- sin un rumbo preciso.
Pese al riego experimental, se parte de premisas conocidas. Se podría definir su matiz espartano como si a Young marble Giants les diese por el dream pop. O por una mezcla entre Stereolab -“Parte III”- y unos Prefab Sprout arcaicos de la época de “Swoon” (“Fall Down” tiene además un tintineo final tipo The Radio Dept.). O por un corte lento de “Dark Side Of The Moon” -“Cracking”- arreglado por Massive Attack para ser cantado por la Sadier o por la malograda Trish Keenan de Broadcast. Como se aprecia, no es fácil ubicarlos en un cajón sino que todo fluye amorfo (“The Letter”), con relajo slomo obsesivo (“And It Never Ends”) más algún beat pegajoso (“Nina”) vigilado de cerca por un ángel de la tropicalia.
Lo mejor que puede decirse de este disco inclasificable es que experimenta sin perturbar, cociéndose en su desarrollo -no para de crecer- un ambiente hipnótico y magnético con visos de parir algo muchísimo más trascendente pronto. ¿Mencioné “Swoon”? Pues eso.