Lo tenía difícil Angel Olsen tras la cima de “My Woman”. Podría haber insistido en un camino bien marcado ya con más rampas de descenso que de ascenso a la vista, o lanzarse al vacío con el fin de conseguir aterrizar en otro nuevo con el horizonte más lejano. Y es lo que ha hecho, aunque con un cálculo de riesgos limitado: dícese que las canciones de “All Mirrors” (Jagjaguwar 2019) en el futuro serán publicadas en una versión austera acorde con su discos anteriores. Para comparar.
Cierto, lo primero que sobresalta escuchándolo es la ausencia de cualquier rastro de guitarra hiriente a lo Neil Young. Y la ampulosidad de los arreglos. Cuerdas, sintetizadores y el pulso electrónico se imponen globalmente -como en su día ocurrió con St. Vincent- para trasladar los parámetros de su música a una nueva dimensión. Cuando “Lark” marca territorio, con su poderosa carga orquestada (que sale de razzia en bastantes piezas); cuando se imponen los ritmos electrónicos en “New Love Cassette”; pero sobre todo al proyectar en el pop sideral lento de “Spring” sensaciones pretéritas -sientes que últimamente molan los sintes con mucha influencia de Tony Banks en “Selling England By The Pound” de Genesis, desde “Gosh” de Jamie xx- desde una perspectiva novedosa.
No rompe Angel tampoco las amarras para siempre, como muestra la guitarra acústica en “Summer” entre el beat y la colcha de teclado, y por supuesto no deja de inquietar -en “Impasse” su voz flota lúgubre por entre el barroquismo de las cuerdas, hasta que de pronto Olsen empuja y la revienta-, pero solo en “Tonight” trabaja con postulados predecibles en ella, con voz y cuerdas unidas en un sentimiento desolador (y sublime). Que cerca del final la sinatrización de “Endgame” escame solo sirve para realzar aún más la interpretación brutal de “Chance” como epílogo dorado. A la altura de Patsy Cline.
Cabe adjudicar parte de la responsabilidad al productor John Congleton (ya presente en “Burn Your Fire For No Witness”) así como Jherek Bischoff en los arreglos (también importante en el disco de Amanda Palmer) y el percusionista Ben Babbitt ayudando en tareas compositoras, aunque a veces tanto nombre masculino deje la impresión que imponen su criterio y todas las artistas ceden con tal de cambiar el revestimiento de sus canciones de siempre. Creo que no es el caso. De todos modos,veremos con la segunda entrega si lo ostentoso de ésta suma o resta. De momento es obligado deleitarse con lo que hay.