Pocos grupos generan opiniones tan controvertidas como Cigarettes After Sex. Quienes gustan de un sonido de ambientación romántica sedada están encantados. Bucear entre la placidez amniótica de sus melodías es todo un placer. Pero quienes buscan algo más de profundidad intelectoemocional ven en las letras de sexualidad epidérmica de Greg Gonzalez ciertos clichés -algunos incluso sexistas- de anuncio de perfume en víspera de reyes.
De modo que, para disfrutar de “Cry” (Partisan 2019), lo mejor es no centrarse demasiado en lo superficial de los sentimientos que expresan los textos. Ni siquiera cebarse en las tonalidades aniñadas que a veces la voz adquiere, para algunos irritante al cabo de varias escuchas. La tristeza innata de estas composiciones, fundida entre guitarras de terciopelo, melosas y a la par gélidas, entra a la primera, y poco importa que sean casi calcadas a las del debut anterior. A Greg le gusta matizar que son diferentes por haberse elaborado durante una estancia del grupo en Mallorca. Poco importa si la inspiración se debe a la luz isleña o a encuentros en una discoteca -al fin y al cabo, si se trata de realzar lo físico y superficial del sexo no podemos quejarnos: el nombre de la banda ya es indicativo- pues él los lleva al terreno expresivo donde se encuentra más cómodo, dejando un rastro de ensoñación musical contra el cual es muy difícil luchar. Y de algún modo me parece meritorio que sonidos así, tan narcóticos y cercanos a Mazzy Star, se consideren mainstream por sus detractores.
¿Segundas partes nunca fueron buenas? Quizás. Pero hemos pasado, musicalmente, de un sobresaliente a un notable. No es ni mucho menos un desastre. Siempre que comulgues con su discurso, claro.