Mi predilección por las melodías (casi) siempre me ha llevado a defender a Coldplay. Aunque no tan perfectas como las de otros orfebres (del dream pop sobre todo), su popularidad y consiguiente solvencia además les proporcionó los medios para maquillar y dignificar las más mediocres. En este aspecto nada ha cambiado: “Everyday Life” (Parlophone 2019) es un buen disco repleto de ellas, compensando la ausencia prolongada con un formato doble que hará las delicias de sus fans.
Antes de proseguir no obstante tengo un par de preguntas rondándome. ¿Por qué los grupos, cuando son superfamosos, piensan que la obra que van a publicar tiene tanta importancia como para meterle una intro con orquesta? ¿Y es una señal de madurez o de senilidad que, a cierta altura de su larga carrera, recurran a guiños étnicos para justificar el argumento renovación/innovación? Una vez dicho esto, también admitir: si yo fuera Coldplay y mi savia creativa menguase, probablemente obraría igual.
El caso es que “Everyday Life”, por ansias de aparentar globalización en esa `vida diaria´, por reivindicar músicas con cierta denuncia social, porque les apetece divulgar sonidos periféricos o simplemente porque piensan que puntúa artísticamente, está trufado de referencias africanas (más alguna middle east y asiática). Arábigas -el trasfondo de “Church”-, del Sahel -“Ékó”-, nigerianas -tres generaciones de los Kuti representadas en una “Arabesque” donde participa Stromae- e incluso surafricanas -un poco trillado “Orphans” tras años de “Graceland”, Johnny Clegg y Vampire Weekend- como coartada artística de paso àrriesgado´.
Yo prefiero remitirme a los placeres sencillos más allá del ornamento gospel de “BrokEn” o de los de claustro de “When I Need A Friend”. Rasgar afablemente la guitarra acústica en “WOTW/TOTP”, la calidez de “Cry Cry Cry”, y sobre todo las que ellos hacen mejor -temas a lo “Let It Be” como buenos residentes en Parlophone-, esas baladas de siempre al piano como “Trouble In Town” y sobre todo una “Daddy” donde Chris toca fibra poniéndose en el lugar de unos hijos, como los suyos, echando de menos al padre que nunca está en casa.
De todos modos, si para ti la música es algo secundario y solo piensas escuchar un disco al año, éste es muy recomendable. Igual a partir de él empiezas a curiosear y acabas siendo un gran aficionado. No sería un mal arranque.