Lo reconozco, no son buenos tiempos para el tipo de americana que me gustaba cuando arrancó el nuevo milenio. Algún nombre sobrevive en buena forma -Bill Callahan, Lambchop, Will Oldham- y otros murieron -Elliott Smith, Vic Chesnutt, Mark Linkous- sin una renovación de talentos destacable.
Por ello, el crecimiento modesto de Hovvdy debería ser recibido con mucha esperanza. Son una buena síntesis de lo que se fue, de lo que permanece, y de las posibilidades de avance. Su tercer álbum “Heavy Lifter” (Double Double Whammy 2019) me parece una pequeña maravilla de savoir faire tejano. Es de Austin, pero podría venir de Denton por mantener similitudes -por ejemplo “So Brite”- con South San Gabriel y Centro-Matic. Por las baladas tejanas (“Watergun”), la americana mellada (“Mr. Lee”) y a partir de ella su peculiar percepción del pop. Me emociona recibir la densidad grandiosa de los acordes con la vocalización filtrada de Sparklehorse (“Cathedral”) o su tintineo de canción de cuna (“Tellmel´masinger”). La triste parsimonia de “Feel Tall” con la voz íntima susurrando en su progresión. Los atisbos de oscuridad de “Pixie”. Incluso los aires mecánicos con autotune sobre piano básico de “Tools”.
Lo que en definitiva se percibe como novedad es la adaptación a las premisas de percusión más contemporáneas debido al origen -ambos baterías- de Will Taylor y Charlie Martin, tanto en la sutileza de los detalles como en el grueso del ritmo. Después de escuchar las catorce canciones, respiro hondo, agradecido y consciente de que se ha reactivado un bendito mecanismo en la memoria para evitar su atrofia. No estoy solo.