“Good At Falling” (The Japanese House). Brillantísimo debut de la británica Amber Baine, con amigos entre miembros de The 1975 (produce George Daniel, así como el siempre acertado BJ Burton). A pesar del arsenal electrónico dibujando ritmos concisos, desprende un punto invernal (portada aparte, algo se grabó en las dependencias de Bon Iver). Su secreto es dibujar melodías perfectas entre los ritmos sintéticos. Melodías que no saturan, con una levedad dreamy sin renunciar a herramientas actuales (la utilización del autotune con criterio, elegancia y responsabilidad), a veces transmitiendo el estado vulnerable tras la relación con Marika Hackman. La delicadeza del synth pop de “Maybe You´re The Reason” y “Worms”, las pulsaciones pétreas pero sentidas en “We talk All The Time”, el pop de “You Seemed So Happy” rayando lo idílico o la gloriosa melodía que de pronto aflora en “Follow My Girl” y “Faraway”: este debut es importante, sobre todo en su primera mitad.

“Any Human Friend” (Marika Hackman). Podría haber vuelto a un folk eléctrico basado en arpegios con cierto óxido adosado. Sin embargo, dejando de lado algún guiño a ese hipnotismo -“Wanderlust”, “Conventional Ride”- se inclina por el pop en la mayoría de piezas. A veces tirando a los Fleetwood Mac de Stevie Nicks (“Send My Love”), al beat de Chromatics (“Blow”), apuntes de synth (“I´m Not Where You Are”), pero sobre todo sin decantarse por algún arreglo comprometedor: pop rock (“The One”) con alto grado de frescura (“Come Undone”). El mensaje, desde la portada, trabaja el sexo desde una perspectiva andrógina con un punto de provocación (“Hand Solo” versa sobre masturbación).

“August” (Shannon Lay). Tras la buena recepción del anterior, el nuevo álbum cuenta con la producción del amigo Ty Segall. Sigue apuntando mayormente a un folk que utiliza arpegios urbanos de guitarra eléctrica, sin olvidar lo introvertido y asilvestrado, como “Sea Came To Shore” o una “November” dedicada a Nick Drake. Destacan los destellos de saxo seco de “Death Up Close” y “Nowhere” a cargo de Mikal Cronin, para reivindicar su vertiente “sucia” en otras bandas. La versión de “Something On Your Mind” de Karen Dalton (a su vez versión de un tema de Dino Valenti de Quicksilver Messenger Service) la acerca a un formato pop.

“Exit” (Picastro). La candiense Liz Hysen, tras veinte años de carrera y cinco de silencio, recupera la banda para ensanchar los parámetros de su folk experimental, con colaboraciones masculinas dando voz a sus composiciones: Tony Dekker de Great Lake Swimmers en “Mirror Age” y “I Spy”, Adrian Crowley en “From Come The Speak”, Jamie Stewart de Xiu Xiu en “Blue Neck”, Caleb Mulkering de Big Blood en “A Trench”, y Marker Starling en “This Be My Fortune”. Juntos -más el dato de la versión de “She´s In A Bad Mood” de Sonic Youth- suponen el cóctel perfecto para describir la mezcla espectral de belleza distópica del sonido. A veces recuerdan a los Grizzly Bear menos condescendientes.
“Kinship” (She Keeps Bees). Dúo con más de una década de recorrido que entrega uno de los discos mejor ambientados del año. El rock con pinceladas oscuras, a veces rotas como el de PJ Harvey o Sharon Van Etten, es solo un punto de partida pues la voz de Jessica Larrabee se mueve mucho mejor en atmósferas frágiles nocturnas (grandes “Dominance”, “Breaking Weight”, “Longing” y “Kinship”) cuando el blues disimulado en la sedación del pentagrama empieza a erguirse emocionante. Piensen en las sensaciones de una mezcla entre los Low de antes, Cowboy Junkies y Delines, con unas centésimas más de músculo. Deberían a estas alturas haber obtenido mayor reconocimiento.