“Fongola” (Kokoko!). En la miseria de la África negra urbana, la música es una necesidad y, para elaborar su ritmo -África ES el ritmo-, se puede recurrir a cualquier utensilio encontrado en un vertedero. Brutal pues la originalidad de este álbum combinando percusiones, las voces de reivindicación social, y pinceladas de electrónica mangui a cargo del francés Débruit. Todas las canciones nos atrapan en su trance rítmico, con mayor sensación de acero oxidable (“Tongos´a”), de frenesí (“Malembe”), del vacío adolescente en las metrópolis hacinadas (“Kitoko”) y de la exuberancia musical voluptuosa de la vecina Angola (“Buka Dansa”). Un must para cualquier seguidor de la música del continente negro.

“I Was Real” (75 Dollar Bill). Han dejado de ser dos y ahora lideran una agrupación cuya versatilidad -abriendo el foco: viola, saxo, etc- no impide seguir ceñidos a sus parámetros habituales. Blues del desierto desde la óptica urbana neoyorkina -mucho delay, muchos drones- pero en su propia clave -no por western es menos válida- de variaciones hipnóticas y lisérgicas a cámara lenta. Se encuentran cómodos en piezas largas con subidas y bajadas de una misma secuencia. “I Was Real” fluye así durante diecisiete minutos. “Every Last Coffee Or Tea” durante once, una suite de tres piezas durante nueve, y la pieza final de ocho. Y me ahorro citar otras cinco algo más cortas.

“Ilana: The Creator” (Mdou Moctar). Nacido en 1986, este guitarrista de Níger se centra en el blues del desierto sahariano seco, áspero, tenso e hipnótico. Se parece a ratos a Tinariwen, y también a Songhoy Blues, con algunos temas largos donde sus solos zurdos tuareg se explayan. Es el primer con banda de sus cinco álbumes, creando un modo de trance distinto. ¿Los Endless Boogie africanos?

“EGOLI” (Africa Express). La organización promovida por Damon Albarn para la promoción de la cultura africana publica un nuevo ejercicio de estilo con tintes fraternales. El foco esta vez se escora unas centésimas hacia Sudáfrica, aunque también se incluyen temas con otras raíces (rumba congoleña por ejemplo). Entre los invitados, destacan en “City In Lights” Nick Zinner de Yeah Yeah Yeahs y Georgia (Barnes, también presente en “Mama”), en tres canciones Gruff Rhys -especialmente contagiosa “Johannesburg”) y Damon en otras tres. Lo más edificante, comprobar el grado de implantación de las nuevas tendencias en el continente negro con unas “Where Will This Lead Us To?”, “Morals” y “Sizi Freaks” tan bien resueltas (sin esquivar los orígenes).

“All My Relations” (Cochemea). La banda residente de la discográfica Dap King se conchaba con su saxofonista Cochemea Gastelum para emprender un viaje musical a los ancestros de muchos de sus miembros, bajo pautas inspiradas un en jazz con bases rítmicas sólidas actuales (entre funk y hip hop). Sangre africana, mejicana o india, a veces atropelladamente reflejada en los diálogos instrumentales, otras apenas visibles en el título de la pieza o en los coros tribales. Tanto se puede inspirar en la rumba lenta africana (“Seyewailo”) como en la latinoamericana, respetuosa con los rituales -oración incluida, como en el inicio de “Asatoma”-, para mostrar alegría -salud, cosecha, etc- o veneración por las tradiciones. Encantador el duelo de vientos molones de “Song Of Happiness”.