“Birth Of Violence” (Chelsea Wolfe). Tal como las suele gastar la californiana gótica y a tenor del título, esperaba un trabajo de tinieblas, pavor, ambiente tenebroso y sonidos duros, como por ejemplo Lingua Ignota. Algo de eso se escucha esporádicamente. No obstante esta vez la corriente desoladora fluye bella y acústica (en “American Darkness”, “Birth Of Violence”, “Be All Things”, “Dirt Universe” y “Little Grave”) mientras pinta la oscuridad con rabia contenida evitando la distorsión. Si hay algo siniestro, está interiorizado y enmascarado entre detalles (unas escobillas, un susurro, el violín, etc). Quietud turbadora y agradable -es un decir- sorpresa.

“Silences” (Adia Victoria). El principal activo de ella: un blues demasiado ponzoñoso para ser de Nashville. Y variado sin renunciar a las aristas ni a un cucharón de sensualidad. A veces arremete tórrido como el de Bad Seeds (“Bring her Back”). O arde de un modo más brutalmente ordenado (“Pacolet Road”, “Nice Folks”) en la onda de The Black Keys, hasta conseguir efectos muy atmosféricos sacudiendo turbulencias (final de “The City”), sobre todo cuando los vientos cobran protagonismo respaldando (“Different Kind Of Love”), más envolviendo que presionando (“Dope Queen Blues”) una interpretación vocal que roza lo maníaco. Este empaque repleto de tensión quizás se debe a la coproducción de Aaron Dessner de The National. En el cierre de “Get Lonely” se nota aún más. Gran disco a volumen considerable.

“Caligula” (Lingua Ignota). Ha parido Kristin Hayter, desde unas entrañas de animal herido, un disco de música terrorífica. Escuchando la voz en “Do You Doubt Me Traitor”, poseída, sobre un fondo de infierno apocalíptico, podemos asimilar todo lo adosado a ella: depravación, violencia, abuso, y la necesidad de flagelarse mientras se cumple el castigo. Juega además con la educación clásica de su voz, pudiendo pasar de tramos de belleza sublime -con solo piano- a otros descarnados cuya fiereza no consiguen ni los pontífices del metal más gritón si se juntan con los drones de Sunn O))). Un disco para el purgatorio mientras el diablo encabeza la procesión. Bestial.

“PROTO” (Holly Herndon). Poco que añadir a la minireseña de “Platform” casi cuatro años atrás. Por muy loable que sea el concepto y el mensaje (“Extreme Love”), los juegos vocales (“Crawler”) o la liturgia electrónica (“Evening Shades”), esta musa de retazos de la vanguardia electrónica no me incita a escuchar sus trabajos más de una vez, e incluso me sube un rechazo por la sacralización del recorta y pega con gorgoritos y autotune (“Alienation”). Quizás, de haberse extendido más en desarrollar una belleza en verdad plástica (“Fear, Uncertainty, Doubt”), al estilo 4AD (“Last Gasp”), hubiese conseguido atraer una mayor atención mundana.

“De Facto” (Lorelle Meets The Obsolete). Surgieron en Guadalajara, Mexico. Se mudaron a D.F y ahora residen en baja California. La psicodelia de Lorena Quintanilla y Alberto González ha ido mutando a medida que ellos cambiaban de ambiente, de modo que ahora es más expansiva y menos agobiante. Aún así exploran distintas variantes, desde la claustrofobia de “Ana” tendiendo a la asfixia (“Unificado”, nada que The Doors no hubiesen explorado en “The End”, aunque excelente su conducción de la lisergia a lo tenso), el cinemascope de “Acción Vaciar”, el hipnotismo de Peter Kember (“Resistir”) y la más líquida (la extensa “la Maga” para finalizar: la mejor). Más curtidos y solventes con cada nuevo disco.