“The Undivided Five” (A Winged Victory For The Sullen). Posiblemente el álbum instrumental más bello del 2019. El talante cinematográfico de sus composiciones, esta vez perpetradas en formato canción, mezclando arreglos de cuerda, electrónica ambient y la regia seriedad del piano. Una grandeur que ya se intuye en algunos títulos como “Our Lord Debussy”, “Sullen Sonata” o “A Minor Fifth Is Made Of Phantoms”, obteniendo una tristeza supina desoladora -en “The Slow Descent Has Begun”, en la melodía de invierno lánguido de “The Haunted Victoria Pencil”- capaz de llevar a emociones de pronto multiplicadas por un simple influjo electrónico. Es lo que pasa cuando grabas en un estudio islandés, o en otro llamado Black Mirror. O cuando una cerilla quema más que una explosión nuclear.

 

“Iowa Dream” (Arthur Russell). Un recopilatorio más. Y van…  Demos, temas sacados de algún armario polvoriento que podrían figurar entre lo más granado de su obra. Y que demuestran que, más que música vanguardista, lo que asombra de Arthur -y no se percibió en su momento- es la variedad de elementos dispares de su tiempo capaces de convivir en un mismo espacio mental unidos por su sensibilidad. El country folk de cantautor (“I Never Get Lonesome”, “Words Of Love”, “I Wish I Had A Brother”, “Sharper Eyes”), material al piano digno de Randy Newman (“You Are My Love”, “The Dogs Outside Are Barking”, arreglos de viento cálidos (“Come To Life”, “I Still Love You”), cabalgatas de folk progresivo (“Iowa Dream”) o su vertiente funk (“I Kissed The Girl From Outer Space”). Todo ello respirando introversión, relajo y naturalidad.
“From Out Of Nowhere” (Jeff Lynne´s ELO). De vuelta de casi todo, Jeff demuestra que puede fabricar decenas de discos manejando los tres vectores de su estilo eterno, sin despeinarse. A saber, su vertiente de melodías beatles (más o menos pseudopsicodélicas: “From Out Of Nowhere”, “Songbird”), su rock and roll orquestado clásico contagioso (“One More Time”), y alguna que otra perla pop vintage (“Goin´ Out On Me”). Y, por supuesto, aparte de la eficacia de su híbrido, nos vuelve a hacer pasar un rato estupendo.
“Venus In Leo” (HTRK). Pareja australiana de supervivientes (el productor Roland S. Howard falleció tras grabarles el primer álbum en 2009, después se suicidó Sean Stewart). Voz femenina de melancolía otoñal a juego con arpegios de guitarras nineties tristes tipo 4AD, ribeteados por graves (sea sinte, sea bajo) turbios, capaz de colar entre la ambientación de neblina recogida una versión de “Hit ´Em Wit Da Hee” de Missy Elliott. El final con “New Year´s Eve” abriéndose incluso al dub, apunta aventuras sonoras de interesante seguimiento.
“Serfs Up!” (Fat White Family). La irreverencia de trabajos anteriores, también apreciable en un sonido incómodo -provocación nazi, problemas con la heroína, etc-, esta vez viene tamizada por un pentagrama más amable seguramente debido a la buena acogida de proyectos subsidiarios como The Moonlandingz. Ahora convive lo agresivo con lo dopado (“Bobby´s Boyfriend”), ribetes de spaghetti western (“When I Leave”), reggae, más algún apunte de decidida matriz pop.