“Pictured Resort” (Pictured Resort). Paseando por Osaka a finales de otoño, por Dotonbori y Namba en Shinsaibashi, escarbando entre ls estanterías de comercios alternativos de Amemura, mientras suena el placebo vacacional frondoso de este cuarteto local. Voz susurrada de dream pop aliñado con melodías urbanas preciosistas para soñar con escapar de las cadenas del tradicionalismo nipón. En algún lugar, un par de miles de kilómetros al sur, seguirá siendo verano toda la vida. Los Tahiti 80 asiáticos. Un placebo genial.

 

“Thanks For The Dance” (Leonard Cohen). Álbum póstumo remachado desde el respeto por su hijo, que en algunos tramos incluso supera en arreglos al padre, en parte debido a la aportación de otros músicos admiradores. Algunos textos ya se conocían en su libro de poemas “The Flame” publicado en 2018. Destaca la guitarra de Javier Mas, así como la aportación de Silvia Pérez Cruz en “Moving On” y “The Night Of Santiago”, esta última homenaje a Lorca.

 

“The Only Ones” (The Milk Carton Kids). Tras gestionar un sonido más expansivo junto a Joe Henry en el disco anterior, retornan a la magia de su intimismo de voces y acústicas de porcelana con siete canciones que bordan cada nota. Esa pereza de luminosidad melódica de “I Meant Every Word I Said”, “The Only Ones”, “My Name Is Ana”, “As The Moon Starts To Rise” y “About The Size of A Pixel” no tiene rival en su segmento, como si existiesen para interpretarlas solo para ti, a años luz del mundanal ruido que nos agobia cada día. A su lado, Simon & Garfunkel serían The Sex Pistols. Y aún les quedan arredros para finalizar con una pieza de seis minutos como “I Was Alive”.

 

“Spring” (Itasca). Las sensaciones de Kayla Cohen, cantautora de Los Angeles, cuando puede inspirarse en el cercano desierto de Nuevo México, combinando desde el prisma urbanita el magnetismo de lo árido con los brotes silvestres en forma de melodías naturalistas. Introspectivo, a ratos folk femenino edificado sobre acústicas, piano y escobillas con algún pespunte de slide, desprende sobre todo paz. Con presencia de nombres de la talla de Jame Elkington, Chris Cohen o Sun Araw, a veces con detalles expansivos tipo Joni Mitchell, es su trabajo con mayor acompañamiento.

 

“Colorado” (Neil Young & Crazy Horse). Siempre consciente que, a título personal, divido la carrera de Neil Young en dos etapas: hasta “Rust Never Sleeps” y a partir de él. La primera, imprescindible; y la segunda, con muchos altibajos dentro de un estilo cuadriculado (con alguna excursión rockabilly o tecno para respirar). Este nuevo trabajo en formato cuarteto clásico (con los fieles Billy Talbot, Ralph Molina y Nils Lofgren) nos los presenta en buena forma tocando las teclas de costumbre, desde los atropellos de guitarras corrosivas de Crazy Horse (los trece minutos de “She Showed Me Love”, o “Shut It Down”) a la tranquilidad rural (el ritmillo “Heart Of Gold” de “Eternity”, así como “I Do”) siempre reivindicando el amor por la naturaleza y la necesidad de cuidarla. Claro que es mucho más guay adorar a la niñata Greta que a un viejo gruñón canadiense.

 

“Return To Us” (The Lilac Time). De todos los berenjenales en los que se ha metido Stephen Duffy -Duran Duran, Tin Tin, producciones-, el más prestigioso es The Lilac Time. Entre el folk, el dream pop y el instinto olfateando buenas melodías, se als ha apañado para revivirlos de cuando en cuando con miembros distintos.En esta ocasión, la reputación supera lo ofrecido: bonanza ambiental y composiciones clasicotas, lejos de las exigencias renovadoras del mercado, pero más que suficiente para músicos casi sexagenarios.