“Thanks To You” (Rocketship). Dustin Reske, tras tumbos variopintos, vuelve a hacer diana veintitrés años después de “A Certain Small, A Certain Sadness”, con Ellen Osborn como vocalista. Imaginemos a Broadcast poniendo su electrónica casera espacial al servicio de melodías dream pop. Propulsión de graves esbeltos (la celestial “Outer Otherness”), acordes a modo de zarpazos agudos lacerantes (“What´s The Use Of Books?”), un par de canciones cantadas por él (en modo Belle & Sebastian en “A Terrible Fix”, en clave indie pop teen veloz en “Milk-Aisle Smiles”, y en formato dúo disco fantástico cerrando con “I Don´t Know Why I Still Love You”) y la sensación de haber topado con una grabación tan primaria como sólida.

 

“0151” (The Night Café). Se ha mencionado aquí un par de veces a Death Cab For Cutie durante los últimos días (Oso Oso, Local Natives). No hay dos sin tres. Este debut de una banda de Liverpool trajina con pulso de percusión firme, como ellos a partir de “Kintsugi” contraponiendo un tono melancólico que está a un paso de colar como dream pop. Se achaca sobredosis al disco; dieciocho canciones en poco más de una hora. Al revés. A mí no me cansa.

 

“Four Of Arrows” (Great Grandpa). Tras reconducirse en este segundo álbum desde los albores del grunge, un ejemplo más de rock con pentagrama de cantautora femenina, como Hop Along, Snail Mail, Soccer Mommy, etc. La electricidad golpea lo justo, mientras guitarras de energía solvente que embellecen como si fueran acústicas redondean el marco. Podría en alguna canción ser folk apropiándose de maneras emo, donde la pasión queda atrapada en la telaraña sonora de acuarela líquida, mientras en otras se dejan entrar hilos de distorsión.

 

“Forever Turned Around” (Whitney). Su segundo disco podría incluso calificarse con mejor nota que el anterior: sublime en delicadeza, suavemente californiano en el manejo del soft rock -pese a ser de Chicago-, prodigioso en el trato de acústicas y vientos -brisa tropical, o telaraña como en “Rhododendron”- y cálido hasta el infinito con esos juegos de falsete omnipresentes. Solo una advertencia. La espontaneidad del debut, ahora profesionalizada, deja poco margen a un futuro tercero si no empiezan a evolucionar.

 

“Fear Of An Acoustic Planet” (Tahiti 80). Una suerte de `Grandes éxitos´ con canciones regrabadas en clave (aunque no totalmente) acústica. Abren y cierran con dos temas de su mejor álbum “Wallpaper For The Soul” (“1000 Times” y “Open Book”), con también presencia importante de composiciones de “Puzzle” y “Fosbury”. Curiosamente, estas mismas piezas, desprovistas de los aires soul, se convierten en buenas muestras de soft rock dinámico.