La pegada instantánea de la fórmula de Micah Visser, el personaje tras los canadienses Boniface, se debe a las mezclas de tres elementos clásicos -por separado- de la música de hace cuarenta años.
Primero la épica Springsteen. Desde una portada que podría se la versión en color de alguna suya, Visser ataca con municiones afines al boss en cuanto a intensidad interpretativa. Me refiero al flow pasional de clasicismo rock que canciones como “Dear Megan” y “Wake Me Back Up” desprenden en “Boniface” (Transgressive 2020), no a su amaneramiento escénico. Sustituyendo, eso sí, las guitarras por los sintes con la ayuda del productor Neil Comber.
Segundo, los sintes. Es un disco tan deudor de aquella mezcla ochentera de electrónica y tecno pop -de Tubeway Army y Ultravox a Depeche Mode- como de su actualización al modelo synth pop. Evidentemente contribuye a que esta comparación no tenga retintín peyorativo la aportación extensa -en “I Will Not Return As A Tourist”, “Keeping Up”, “Oh My God”, etc- de estribillos pop muy potentes, casi nivel de disco de grandes éxitos.
Y, tercero, la presunción de disco conceptual. Entra y sale con “Waking Up In Suburbia” y “Making Peace With Suburbia” respectivamente -mencionando en esta última “Chelsea Hotel #2”- con piano y ambientación recordando los tramos lentos de “Thunder Road”. En otra -“Your List”- ese piano se escora más hacia Coldplay, pero se trata de un momento aislado.
El resultado, lo dicho en el párrafo inicial: un disco cuya solidez se fragua en manejar sonidos muy asimilados durante décadas, con actitud febril y estribillos hiperaccesibles.