La hija del gran Enrique Morente es una de esas artistas que se nota que vive con pasión todo lo que hace. Desde que debutara a su nombre con el meritorio “Tendrá Que Haber Un Camino (2015) la madrileña se las apaña para crear una narrativa que conjuga a las mil maravillas el poso indie (ese acento andaluz de guitarra flamenca que incorporaron en su repertorio gente como Sr. Chinarro o Los Planetas es evidente ha calado en el nuevo pop), con la naturalidad con la que toca palos como la granaina, la bulería o la rumba y los incorpora a la sensibilidad de las nuevas generaciones que pueden apreciar estos géneros desde, digamos, una sensibilidad pop.

Soleá Morente es una joven de su tiempo, receptiva a las hibridaciones varías, pero a la vez es capaz de rendir homenajes a Lorca, Leonard Cohen, y hasta, como en este caso, a grandes como El Pescaílla, Bambino, o a María Jiménez.

La portada de este extraordinario “Lo Que Te Falta” (Elefant, 2020) tiene un curioso parecido a aquella impagable foto de la Jiménez en el disco tributo a Sabina “Canta Por Sabina”. Si en ese disco la de Sevilla miraba al cielo con su plumerío a cuestas y enseñando la raja de su falda, en este de la menor de la saga Morente la vemos coronada como la reina del brilli-brilli, con una media sonrisa picarona que tiene las justas dosis de lascivia y de empoderamiento femenino.

Un trabajo que, a pesar de que narra muchas historias que podrían pasar por dramáticas, ella las canta desde lo más profundo de su alma, con esa voz aniñada, pero sabia, y es sin atisbo de dudas pura alegría de vivir.

Prodigiosamente hilvanados por la producción de David Rodríguez aquí encontrarán retazos de amores rotos y anhelos a ritmo de rumba y jaleos (“Carino”, “Viniste A Por Mí” -tan bambinesca- o “Pero Es De Noche”). En “Ducati” una guitarra eléctrica puntea una algarabía de padre señor mío, con las Cariño replicando con rimas imposibles, y ese homenaje a Kiko Veneno que es “Tutti Frutti” levanta hasta a un muerto. Olé por ella y la madre que la parió.