En su tercer disco tras el retorno -primero desde 2015-, Bill Fay sigue puliendo el legado discográfico y humano que desea dejar. A su manera, con el reposo y la serenidad del que está de vuelta de todo. Una música de recogimiento y reflexión denunciando constantemente los desmanes del hombre ante la naturaleza indefensa.
Al menos así comienza “In Human Hands” con solo Bill al piano. Una canción después -en “How Long, How Long” su fascinación por el milagro de la creación como espejo de nuestra irresponsabilidad devastando- incorpora guitarra acústica, siempre con una intencionalidad espiritual (“Filled With Wonder Once Again”) donde el recato redimensiona temáticas como la futilidad del tiempo y de lo irreversible -en una “Time´s Going Somewhere” de plenitud litúrgica- o ese árbol genealógico del que todos formamos parte y contribuimos a hacer crecer con nuestro paso por este mundo (“One Life”).
La gran diferencia de “Countless Branches” (Dead Oceans 2020) respecto a los de otros músicos es la presencia en los bonus tracks de canciones con banda, justo al revés de lo convencional, que suele guardar las tomas espartanas como sobras. Por lo demás, en su linea renovada habitual, traspasa y nos inunda con su profunda emoción -el clip de “Salt Of The Earth” con sus arrugas en blanco y negro-, tan prosaico y sensible, aunque empieza a asomar una sensación de déjà vu impidiendo disfrutarlo en toda su dimensión.