`Así que, nada nuevo bajo el sol. Pero hace un día de puta madre´. Con estas palabras concluía el artículo de mi única entrevista con un miembro de Strokes en febrero de 2002 para resumir aquel primer y -de momento- irrepetible debut “Is This It”. La frase sin embargo no era del todo cierta. Sí que había algo nuevo, aunque no fuese perceptible entonces ante la carencia de perspectiva histórica. Algo que no tenía que ver con los elementos musicales o el estilo, sino con la actitud del transmisor y de los receptores. Por decirlo de alguna manera estos días viendo las reacciones de quienes escuchan su nuevo trabajo “The New Abnormal” (RCA 2020), de no haber existido The Strokes entonces, probablemente -con todos los matices que quieran- cuatro años después no hubiesen surgido The Arctic Monkeys.
También estoy intentando explicarme por qué éste me parece el segundo mejor trabajo de los norteamericanos, cuando ni aporta novedades sustanciales respecto a los anteriores -ni siquiera lo es una canción con base de teclado como “At The Door”- ni riesgos que tal vez buscaron -sin éxito- en algunos tramos de sus otros cuatro discos.
Aquí van a lo seguro. A lo tan rematadamente seguro que se permiten el lujo de estirar canciones -para disfrutar ellos, y sobre todo para disfrutar nosotros- por encima de los cuatro, cinco e incluso seis minutos (como “Eternal Summer”, la que goza de falsete con ese pulso pelín megaestadio). Con la fórmula de siempre adaptada a su status de gatos viejos, sabiendo lo que quieren las distintas facciones de sus seguidores. A la subida exstásica al tercer minuto de empezar con “The Adults Are Talking” sigue esa letargia eléctrica chisposa de “Selfless” arropando la sempiterna dejadez vocal de Julian, con una vitalidad renovada magnética (“Bad Decisions”) desacomplejada a la hora de pillar de lo simple (la entrada paleolítica tipo Stones de “Start Me Up” de “Why Are Sundays So Depresssing” se regenera maravillosamente en un bridge con guitarras sucias y wah wah). Añadan la solemnidad del cierre en “Ode To The Mets” con Casablancas suplicando en un murmullo la entrada de Fab(rizio), y la guinda del pastel dispara la emoción. De allí al cielo.
Enlazando con el párrafo del principio, la grandeza de la música no reside solamente en su audacia evolutiva. Depende también de la sabiduría combinando elementos -a veces conocidos: son solo siete notas- dándoles el aire renovado que requieren los tiempos cuando se publica. Seguramente ni ellos mismos pensaban lo bien que casaría este disco con la primavera 2020.
Lo leí en youtube:
2001: the saviors of rock.
2020: the saviors of the quarantine.