Con el recuerdo del impactante “A Quality Of Mercy” (2017) aún presente, la función del nuevo disco de RVG es la de apuntalar su estilo, lo cual hace admirable y definitivamente. Las diez canciones de “Feral” (Fire 2020) remachan la noción de que es una banda recogiendo las mejores cualidades de la música publicada en Australia y Nueva Zelanda en los ochenta. Es como un cóctel austral.
Todas las piezas se construyen con juegos de guitarras cristalinas, muchas de ellas evocando las de los Go-Betweens pre-”Liberty Belle”, con apuntes a las referencias neoyorkinas (Velvet Underground, Feelies) tomadas después por Steve Kilbey, The Chills y la saga Flying Nun. Juegos plagados de arpegios deslumbrantes que al final se encabritan en una espiral creciente febril (“Help Somebody”, incluso el final de “Photograph”).
Destaca además como hecho diferencial la temática. En el look desgarbado de Romy Vager subyace su condición trans, incidiendo en dos planos. Uno es esa ansia de amistad y libertad que desprende, mientras el otro -quizás relacionado- tenga que ver con la estética goth de la adolescencia, con fijación por enemigos, muertes, cortar cabezas y lobotomía (salir del armario en “Alexandra”, la experimentación en “Christian Neurosurgeon” con el taladro de zumbido electrizante en el clip). Todo producido por un Victor Van Vugt ya curtido en australianos -Nick Cave- que saca petróleo de un rock sin tiempo ideal para cuando tenemos ganas de que éste se detenga.