Este nuevo disco de Charli XCX, tan solo ocho meses después del anterior -un “Charli” repleto de amistades rutilantes: Christine, Sky Ferreira, Haim, Lizzo, CupcakKe, Clairo-, responde a la necesidad de Charlotte Aitchison de vehicular sus sentimientos durante el confinamiento. Procurar expresarse públicamente con los materiales -más limitados- a su disposición.
No por ello “how i´m feeling now” (Asylum 2020) suena amateur o peor acabado, pues sus artífices ya conocen el estilo de la de Cambridge y, como grandes ingenieros y productores que son -BJ Burton es un todotereno que tanto trajina con lo extremo de Low como con Bon Iver-, han sabido disimular las carencias acostumbrados ya a la complejidad de colaborar -es la tecnología del siglo XXI, amigos- desde la distancia. En el mundo de la música digital, el teletrabajo es casi lo habitual si exceptuamos cuatro detalles -resonancias, músicos disfrutando juntos, etc- solo factibles en un estudio o en modo presencial.
A pesar de repetir una portada física, se intenta esta vez reflejar el feeling de dormitorio como universo de sensibilidad privada. No es que sea motivo de análisis como estrategia de mercado, pero inconscientemente nos convierte en receptores cómplices de la anomalía de la situación. Y donde antes desconfiaríamos de artilugios como el autotune, ahora lo percibimos como una parte coherente del discurso; no es que no moleste, de hecho en “i finally understand” es incluso parte importante del contexto sonoro.
Tanto Burton como Alex Guy Cook, alternándose en tareas de producción y diseño del entramado que respalda a la voz -también presente Dylan Brady de 100 Gecs en “claws” y “anthems”-, se han dedicado a respaldar las partes melódicas -solo son excepciones el arranque de “pink diamond” y el final con una “visons” peligrosamente stompy- con buena nota. Quien quiera accesibilidad synth pop puede recurrir a “forever” y “detonate”, a “enemy”, e incluso a la melancólica “party 4 u”. En todas ellas comprobarán que esta vez la precariedad en modo karaoke ha sumado en vez de restar. Un disco más inteligente de lo que su edición apresurada pudiera indicar.