El olfato puede jugarnos malas pasadas si lo dejamos a merced de nuestros prejuicios. Tengo cierta alergia a las actrices que deciden derivar su talento al mundo de la música, así me olvidé en un principio de la británica Keeley Forsyth hasta que un sabio amigo insistió. Gracias.
Lo que en principio me parece un obstáculo de “Debris” (The Leaf Label 2020), o sea la precariedad de su instrumentación -que, si nos fijamos bien no es tal, sino el efecto pretendido y logrado por el arreglista Matthew Bourne y el productor Sam Hobbs-, acaba por convertirse en su aliado. El hecho de que Keely despliegue una entonación sombría -y muchas de estas canciones estén paridas con armonio- la emparienta con Nico. Deberíamos añadir aquí las maneras de ANOHNI modulando cuando copia de Nina Simone. En la canción “Debris” la congoja deriva a comparaciones con Nick Cave, de quien desarrolla una liturgia paralela. A pesar de esbozar alguna pieza -como “Black Bull”- de modo más light a través de guitarra acústica o de apabullar -en “It´s Raining”- con la gravedad de las cuerdas, las oscilaciones del armonio se imponen, obteniendo en “Butterfly” una combinación fascinante con el texto (`she built a house of thorns/ started at the roof but left it/ garden of snakes to project it´). Súmese en la recta final el minimalismo ceremonial de “Large Oak” y el efecto final con una “Start Again” donde nos conduce a la luz -tan bestial y rigurosamente esbelta de cara una candidatura a mejor canción de 2020- para percatarnos de la importancia de esta obra entre lo experimental y lo místico.