¡Ah, la vida suburbana! Una mina si eres cartero observador de barrio, hijo de taxista albañil. A Simon Rivers siempre se le ha dado igual de bien que a Jarvis Cocker diseccionar las miserias entrañables de su entorno; el día a día de la common people, el futuro del portador del no future en el ADN, los anhelos, cambios de estado de ánimo, las tribulaciones, las peleas domésticas, los amoríos, deslices y el envejecimiento. O cuando lo vulgar no es ni lacra ni realismo mágico ni épica poética, sino la característica predominante de la franja social más importante del país. Y esta misma negativa de revestir de glamour la realidad es la que ha impedido a Bitter Springs alcanzar el éxito. Nadie quiere en el fondo verse en el espejo tal como es: deseamos aparentar lo que no somos. Simon nos desnuda y nos confronta con lo que precisamente pretendemos evitar.

De hecho nadie quiere ver reflejado su envejecimiento paulatino, que es de lo que versa el cuarto álbum oficial de la banda, un “The Suburban Crimes Of Every Happiness” (Dishy 2001) ahora reeditado en vinilo con el bonus de la canción “Under The Rainbow” del recopilatorio “Best Bakers On The Island” (Acuarela 2000), también conocido como “El Grande Español”. Más de la mitad de las quince piezas, (dieciséis contando el interludio “No Skulls”) esbozan reacciones al paso del tiempo -explícitas “Club Amnesia” y “Stop The World”- en las que ahondarán en discos futuros, siempre apoyándose en los dos pilares musicales de la banda. El pop de guitarras subrayando la voz aguerrida (“The Red Mist Descends”); y las tonadas dulces con tramos afrancesados de acordeón (“Me And Your Wife”, “Dead Lions”), muchas veces estiradas lentamente para recrearse en sus recovecos (“Vagina Trees With Penis Leaves”), repletas de sentencias con pegada (`you broke my nose/ I only broke your heart´, suelta entre la infinita belleza de “Blimey! Drought Sky”) donde conviven Spice Girls, Britney y fútbol.

Curiosamente, siendo el disco que es y los valores que aborda -varias veces asentimos con la cabeza mientras lo escuchamos pues es un discurso que muchos suscribiríamos, hasta dejarnos emocionalmente exhaustos-, la poca aceptación que tuvo entonces -y eso que contó con dos miembros de Kitchens Of Distinction- sumió a banda y seguidores en una frustración cuya recompensa debería llegar ahora en forma de reconocimiento tardío. Temo sin embargo que no será así y deberán seguir porfiando mientras esta perla sigue dentro de la ostra.

Y para que no se acuse a Simon de quedarse en el pasado, publicó un mes antes con Oldfield Youth Club un EP que después ha sido incluido en la adquisición de “Suburban Crimes”, con tres canciones nuevas: “The Glue”, con fanfarria de trompeta prolongando el final; “Splinters”, en el estilo más clásico de Rivers; y “Kids At Summer Festivals” coincidiendo con la polémica festivalera post pandemia. Todo ello mientras abre un nuevo frente insinuando un retorno de Last Party. No está nada mal si echo la vista atrás y repaso todo lo sucedido desde aquel 17 de marzo de 1999 cuando me concedieron una entrevista telefónica desde la redacción de Rockdelux. ¿Una banda de perdedores activa durante 25 años? De haberlo sido, no hubieran durado tanto. De hecho nadie podría haber imaginado algo así. Pero es que -los pequeños detalles que cuentan- cada vez que publica algo nuevo, Simon tiene la deferencia de comunicármelo personalmente. A la tenacidad a veces la confunden con el milagro.